Pol: «Todos somos más felices enfrente del mar»

Después de Pol 3.14 (2010) y Jóvenes eternamente (2012), Joaquín Polvorinos, más conocido como Pol, tras pagar su carta de libertad, se lanza a autoproducir su tercer trabajo discográfico, SOLO, que salió a la venta el pasado 18 de noviembre. La presentación oficial del mismo tendrá lugar el próximo 17 de diciembre en la sala Moby Dick de Madrid. Esto y mucho más nos contó en una amena entrevista.

Texto: Beli Jiménez / Imágenes: Raquel García

Cuéntanos, para empezar, del atropello y por qué a partir de ahí cambió todo.
Bueno, es un detalle. Yo realmente ya estaba pensando en grabar mi disco, pero bueno, estaba fumando un cigarro, después de cenar con unos colegas enfrente del Museo Chicote. De repente, unas motos se cayeron al suelo y noté un dolor muy fuerte en el pie… Y se me había caído una barra de hierro encima. Vino el SAMUR, todo… Y, bueno, me dieron una indemnización y tuve un pellizco para poder producir el disco, para pagar el estudio…

Fue, digamos, para producir este disco solo.Entrevista-Pol 001
Sí. Efectivamente.

Bueno, Joaquín, y ¿por qué POL?
Es por mi apellido, Polvorinos. Cuando empecé hace ya años a tocar, me llamaban así y por eso me quedé con Pol.

Estudiaste Periodismo. ¿No tenías aún clara tu vocación como músico y era lo que más te atraía en ese momento?
Bueno, yo siempre he llevado dentro la música, lo que pasa es que cuando eres más joven, tampoco tienes tan claro a qué dedicarte. Yo estudié Periodismo, siempre he tocado la guitarra, tuve grupos antes de empezar la carrera, todo amateur. Lo tenía estancado y un buen día, miras dentro de ti y dices: ¿Qué es lo que realmente quiero hacer con mi vida? Y empecé a tocar por salas de Madrid pequeñitas… y todo empezó un poco así. Mis padres me ponían lo que considero buena música de pequeño: Beatles, Dylan, Simon & Garfunkel. Siempre me fijaba; soy un pesado que desde pequeñito ha estado tarareando. Y luego un amigo me enseñó a tocar la guitarra.

Y así aprendiste, ¿no diste clases luego?
No. Él me enseñó unos acordes y yo seguí investigando.

Has dejado la pluma, has cogido la guitarra. ¿No te planteas volver a ejercer como periodista?
Bueno, nunca se sabe. Nunca se sabe. Me encanta escribir y ahora mismo esa inquietud la aplico a la música, pero no descarto nada. La vida te lleva por caminos extraños y a lo mejor lo de la música se acaba… o no. Ojalá no. Me gustaría tocar hasta que me muera, pero como en la vida no suele suceder lo que uno quiere, hay que estar preparado y no descarto volver a escribir. Me encantaría. Me gusta el Periodismo y, sobre todo, musical.

Dices que éste es el disco que siempre has querido hacer. ¿Por qué?
Pues lo que yo he intentado expresar en este disco es rebeldía ante la injusticia, mucha fuerza y, sobre todo, es como una inyección de optimismo para perseguir tus sueños, que hoy en día parece que está mal… No sé, como que no está bien visto. La vida es muy corta y tienes que hacer lo que te haga feliz o, por lo menos, intentarlo. Entonces es como una inyección de fuerza y de ánimo para la gente que quiere hacer cosas, entre comillas, distintas o socialmente no tan bien vistas o no tan bien amparadas. Hoy en día nadie te garantiza nada, teniendo siete carreras y ocho masters… Entonces, creo que es un buen momento para hacer lo que te dé la gana. Es lo que he querido expresar con este disco.

Lo que dices de rebeldía ante la injusticia, ¿viene más por tu caso personal con la discográfica?
Sí, viene un poco por ahí. Yo no he estado muy a gusto, sobre todo con el segundo disco. Nunca me gustó mucho su filosofía de trabajo y con el segundo ya me di cuenta de que yo ahí no podía seguir. Entonces, empecé a rebelarme y tuve que irme. Pagué mi carta de libertad porque yo considero que cuando firmas un contrato, ambas partes se comprometen a unas cosas. Los dos tienen obligaciones y derechos. Y en mi caso, parecía que yo tenía obligación a todo y derecho a nada. Y ellos derecho a todo. Entonces, cuando veo que ellos por contrato están obligados a hacer una serie de cosas y no las hacen, pues es cuando salta mi voz de alarma y digo: «Ey, ¿aquí qué pasa? No estoy a gusto, me quiero ir. Yo me he currado mucho un segundo disco, creo que hay temas que podían haber sonado mucho más o haberse movido de otra manera…». Y no fue así. Entonces, decidí irme y no grabar el tercer disco que todavía me quedaba con ellos.

Entrevista-Pol 006¿Cómo te enfrentas al proceso de composición: buscas la inspiración o te encuentra ella a ti?
Por suerte, soy bastante prolífico y no me cuesta mucho componer. No necesito un espacio concreto, no necesito estar enfrente del mar. Si puedo estarlo, mucho mejor, porque yo creo que todos somos más felices enfrente del mar, tomando un vino o una cerveza, que aquí metidos, pero ya te digo que en mi casa, en mi silla, con mi guitarra acústica, mi ordenador y mi programita para grabar, pues me va bastante bien. Sueño con música, me despierto, grabo melodías… Estoy todo el día con la cabeza en activo.

¿El título de la canción John y Yoko es por el tema de la autodestrucción?
Sí, bueno… No sé, quería pues hablar de una relación que ya está destruida. Y cómo nos empeñamos en alargar una muerte anunciada. Va un poco por ahí. No sé, me parecía muy representativo lo de ponerte en huelga en el hotel. «Nadie ya vendrá a vernos a nosotros…». Y era un poco eso. Además, la canto con Maryan (Frutos) y me pareció, por el momento personal que los dos estábamos viviendo, perfecta para mostrar eso: la destrucción de una pareja y que no merece la pena alargar algo que desde fuera está visto que se va a acabar.

¿Cuáles son tus planes a corto-medio plazo? ¿Sacar el disco, gira?
Sí, girar ahora con el lanzamiento del disco, tenemos ya varias fechas cerradas. Centrarme en esto, darle toda la fuerza y salida que humildemente tengo como autoproductor; lo que esté en mi mano, pelearlo con uñas y dientes. Y concentrarme en la presentación del disco que es el 17 de diciembre en la sala Moby Dick. No pienso tampoco a largo a plazo porque me puedo volver loco.

¿Y el formato: acústico, eléctrico…?
La presentación será en eléctrico. Con banda. Realmente, donde mejor me defiendo es en eléctrico y con mi banda, que son maravillosos, Simón, Ricardo y Jaime. Y aparte de que se lo merecen, nos apetece un montón presentarlo juntos porque ellos han sido una parte muy importante de esto. Lo hemos currado en el local de ensayo este disco y luego a la hora de grabarlo también han estado ellos muy presentes, entonces me parecía muy justo que estuvieran.

¿Te implicas en todas las fases del proceso de producción de tu disco: diseño, etc.?
Sí. Siempre he estado muy pendiente, con discográfica también, pero, bueno, hasta que me hacían caso. En este trabajo me he implicado en absolutamente todo. Está mi amigo Pablo Bravo, que es el que me ha diseñado el disco, que es un bendito y que está haciendo todo lo que es la imagen. Estamos cuidándola mucho, construyéndola. Y sí, desde el diseño hasta la producción, pasando por los arreglos, etc. He subido yo los temas a digital, he mandado el disco a fábrica, he hecho… todo. Entonces, me voy a morir pronto, pero… (Risas). Lo que he aprendido en el proceso, ni te cuento.

Entrevista-Pol 020

 

Bueno, Pol, ¿estás dispuesto a someterte al Krinki-cuestionario?
Por supuesto.

¿Cuál es el sitio más raro donde has compuesto una canción?
No sé si el sitio más raro, porque no creo que sea un sitio muy raro, pero sí que Jóvenes eternamente se me ocurrió la melodía volviendo de un bolo y entonces me empezó a machacar la cabeza, sin guitarra ni nada, que yo siempre compongo con guitarra, pero me salpicaba esa melodía… Y llegué a casa como un loco, porque además no tenía batería en el móvil, no lo podía grabar y entonces lo primero que hice fue agarrarme al ordenador… Había quedado con unos colegas para comer… Y dije: «Mira, hasta que no acabe esto…». Y me salió la canción.

¿Qué es lo más gracioso que te ha pasado en un concierto?
Esto es lo típico que te ha pasado tanto y cuando te preguntan, no te acuerdas…

¿Cuántas prendas de ropa interior te han tirado mientras actuabas?
No tantas, ¿eh? En la presentación del primer disco, en mi ampli había unas bragas ahí… Pero no han sido tantas. Que recuerde, esa vez.

¿Qué música llevas en tus cascos/coche?
Pues bueno, ahora mismo llevo mi disco porque estoy metido en esa fase en plan casi autodestructiva. Pero llevo… Pues así lo último con lo que estoy obsesionado, y ya tiene tiempo, un grupo que se llama Beach Fossils. Soy muy obsesivo, descubro algo y no paro.

¿Qué te gustaría escuchar en el hilo musical del supermercado, mientras haces la compra?
Pues, mira, mi música no, porque te juro que me ha pasado tantas veces… Digo: «Soy artista de supermercado». He oído tanto, tanto mis discos en supermercados, centros comerciales… ¿Qué me gustaría? Buena música. ¡Yo qué sé! Sidonie…

¿A qué película te gustaría haberle puesto la banda sonora?
Pues no sé. Me gusta mucho el cine francés. Y una así que se me ocurre ahora que me gustó, que ya tiene también algún tiempecillo, es la de Pequeñas mentiras sin importancia. Me gustó mucho esa peli y tiene una banda sonora bastante buena.

El logro profesional que más ilusión te ha hecho.
Éste. Haber llegado hasta aquí y permitirme el lujo de sacar mi proyecto adelante, de autoproducirlo.

¿Qué te dijeron en casa cuando dijiste aquello de «Mamá/Papá, quiero ser artista…»?
No fue radical. Yo he dado muchos bandazos: estudié Periodismo, Arte Dramático… Y la vida me ha ido llevando a ese sitio, entonces no fue nada alarmante. Fui haciendo un trabajo de campo importante. Siempre me han apoyado mucho. Ellos tienen la mente abierta. Hay que ser feliz.

¿Tienes manías antes de salir a tocar?
No, no especialmente. Abrazo a mi grupo, les digo que les quiero, que gracias por estar ahí siempre… porque se lo merecen, entonces es una especie de ritual. Y, bueno, caliento antes de los conciertos, estiro los músculos porque me muevo muchísimo. Pero no. No soy un tío especialmente maniático.

¿A quién te gustaría que hiciésemos esta entrevista? Nomino a…
Pues si no se la habéis hecho, yo se la haría a los de Kitai. Sí, porque son unos currantes y me parece que están haciendo algo distinto en España y se lo merecen.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe que recuerdes?
Sí que lo recuerdo. Hombres G y Un pingüino en mi ascensor.

Una canción para bailar.
Mother’s Project, de Niki & The Dove. Un temón.

Una canción para hacer el amor.
Hace años quemé el primer disco de Angus and Julia Stone. Creo que cualquiera.

Una canción para llorar.
Angeles, de Elliott Smith.

Si pudieras meterte en una máquina del tiempo, ¿a qué época te gustaría viajar?
Los 80 aquí debieron estar bien, lo que pasa que igual no vuelvo… (Risas). Pero, no sé, no sé… Me iría a los 70. Sí, a los 70.

Cosas que nunca se le deberían decir a un músico.
«Es muy difícil vivir de esto», que me lo han dicho.

Tu rincón (confesable) favorito de Madrid.Entrevista-Pol 021
Es una marisquería, “Marisquería 73”, está en Vallehermoso. Soy muy fan del marisco.

Lanza una pregunta a nuestro próximo entrevistado.
Si te dijeran que el fin de todo esto es acabar en Costa Rica poniendo mojitos, ¿seguirías haciéndolo?

Ariel Rot pregunta: Una ciudad para perderte.
Peniche. Es una canción que está en mi disco. Está al norte de Lisboa. Voy mucho a ese sitio.

¿Cuál es el último concierto en el que has estado?
Angus and Julia Stone.

¿Qué te gustaría que te hubiéramos preguntado?
Por qué me fui de mi discográfica.

¿Por qué te fuiste de tu discográfica, Pol?
Pues mira, porque trabajaba lo mismo que estoy trabajando ahora y creo que ahora ganaré algo de dinero.

 

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Beli

Periodista melómana, blogger, ortogramaniática. Amante de los viajes, los conciertos y, sobre todo, los viajes con conciertos. Libra, zurda, Beatlemaniac y Ravenclaw. En ocasiones hago webs. Llevo la sonrisa puesta por defecto.
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