Funambulista en Sevilla, a orillas del Guadalquivir

El pasado viernes 21, Funambulista abría su gira con un concierto en Sevilla. Ambos tenían algún asunto pendiente, y es que en la última ocasión el concierto, por problemas de horario, no pudo acabarse en la sala. Improvisando, decidieron salir al Guadalquivir, que rodea la Sala Malandar, y acabar allí el concierto. Pero él, Diego Cantero, aún tenía esa espina clavada y necesitaba quitársela acabando un concierto completo en el mismo lugar.

Texto e imágenes: Laura de la Pascua

 

Hacía mucho tiempo que Funambulista no reunía a su banda para dar un directo y la emoción se palpaba en una sala repleta de caras ansiosas por verlos sobre el escenario. Pasadas las diez, se apagaron las luces del bar y Portería hizo las veces de bienvenida. Era ella la elegida para dar el pistoletazo de salida a esta nueva gira, y todos la acogieron con ganas. Detrás, aparecerían canciones como Bendita mi suerte o Lo sé. Temas nuevos y otros no tan nuevos iban intercalándose, mientras en la sala se iba notando la energía que Diego y sus chicos –los de siempre, esos con los que él mismo explicaba que se sentía cómodo y feliz sobre las tablas– contagiaban al resto. Lo estaba disfrutando y el público iba dejando atrás el frío otoñal, haciendo caso a un «¿Habéis escuchado el disco? ¡Pues cantad!», con el que intentaba romper el hielo. Y se rompió.

 

Tras esto, le tocaba el turno a una de esas canciones escritas en Madrid, aquélla que homenajeaba «la belleza de las cosas rutinarias», y sonaban los acordes de Y yo. Empezaban ya a percibirse cuerpos que se movían tímidamente al ritmo de la música, para acabar echándose a bailar en cuanto sonó el estribillo. Con Mírame continuaba el concierto, y entre historias, explicaciones y risas, llegaba la que el propio Diego nos confesaba como su favorita: Volver a empezar, acompañada de Fiera, esa canción que comenzó con la aventura que precedía a este disco. No podían faltar a la cita otros temas como Tuvimos suerte o El tango que me parió, con los que el público se terminó de ‘derretir’.


Ése es Diego Cantero, o Funambulista, que es lo mismo. El mismo. El que sabe meterse al público en el bolsillo con la inestimable ayuda de grandes músicos como Francesco Severino, Roberto Lavella, Sergio Bernal y Alejandro Martínez. Seguían sonando temas y tocaba el turno de Cosas que no quise decirte, Trozos de una mitad, Demasiado buena… En definitiva, canciones plagas de amor y de distancia.

 

Con Ya verás, la sala volvía a temblar de arriba abajo, para hacer lo propio con Tiemblo o Quiero que vuelvas. Canciones con las que comenzaban a despedirse y reconocía haberse emocionado durante la noche. Pero el público sabía que no podía ser ese el final. Aún era pronto para ello y así se encargaron de pedir más…

Es entonces cuando aparecían únicamente Diego y Alejandro en escena, para deleitar a todos con Sólo luz, dejando la sala en absoluto silencio y robando lágrimas a algún que otro asistente, y es que para muchos fue imposible no emocionarse al escuchar el tema sin más acompañamiento que el piano, llegando a prescindir incluso de micrófono, para dirigirse al público sin intermediarios.


Para volver a animar al público, salía a escena el resto de la banda, sonaba Funambulista y la voz volvía a todos los presentes, que cantaban de nuevo, acompañando también con palmas. Para entonces, sonaba Quédate y ya empezaba a vislumbrarse el final. Pero el público seguía queriendo más y, antes de escuchar la última canción, pedían a coro acabar en el río, justo como acabó aquel último concierto en la capital andaluza, dejando claro que estaban dispuestos a hacer de aquel final fortuito toda una tradición cada vez que pisaran Sevilla. Algo a lo que Diego accedía entre risas.

Como un idiota cerraba el concierto por todo lo alto, pero con la promesa de continuar en el río. Los ánimos seguían y aunque las luces de la sala volvían a encenderse, nadie se movía aún. Y es que todos sabían ya lo que venía detrás. Tan pronto Diego salía del camerino, todos lo acompañaban por la calle con ilusión, como si de alguna visita guiada en mitad de la noche se tratase.


Una vez asentados a orillas del Guadalquivir, sonaba Nostalgias, ese maravilloso y versionado tango de Carlos Gardel que Diego hace mucho que también hizo suyo. Llegaba también Rober y juntos volvían a cantar Y yo, rodeados de móviles que inmortalizaban la escena y de un público maravillado y entregado a partes iguales, cuyos integrantes cantaban bajito para no tapar su voz y sonreían boquiabiertos por lo que presenciaban. Esta vez sí llegaba el final y, por petición popular, la canción encargada de poner el broche de oro a una noche maravillosa no pudo ser otra que Toma, cerrando así con aquellos primeros comienzos de un jovencísimo Diego Cantero.

La noche había acabado y mientras algunos se marchaban, otros volvían de nuevo a la sala, donde eran atendidos con una gran sonrisa. Firmas, fotos, agradecimientos, felicitaciones… La noche había sido insuperable y todos eran conscientes de ello. Los cinco habían dado un pistoletazo de salida inmejorable a la gira, y tanto el público como ellos habían disfrutado de lo lindo.

Una vez más, esta banda de Funambulistas lo ha vuelto a hacer. Y es que, como bien reconocía Diego en ese bis callejero improvisado, «los noviembres son jodidos», pero hay quien tiene la habilidad de convertirlos en algo terapéutico. Y nadie mejor que ellos para conseguirlo.

Sevilla se había vuelto a rendir a Funambulista y ellos salían contentos de la sala, emocionados por la acogida que habían tenido, y con la ilusión y la incertidumbre características del principio de una gira que los llevará a recorrer la península de punta a punta.

Hicieron magia en la capital hispalense y aunque nunca es fácil comenzar las giras fuera de casa, están cosechando éxitos en cada local que van pisando. Como siempre, el trabajo bien hecho tiene recompensas y la oportunidad de ver a estos chicos en directo, es algo que no se debería desaprovechar.

Laura

Enfermera. Melómana. Amante de los viajes y conciertos. Lectora empedernida. Enamorada de la lluvia. Prendada de los cafés, las sonrisas y otros pequeños detalles...

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