Pancho Varona: «Podríamos hacer la pregunta otra vez y te contestaría lo contrario»

El 9 de marzo nos dejó George Martin. El 9 de marzo habíamos quedado con Pancho Varona en una bonita cafetería del centro de Madrid. Fue inevitable que habláramos de los Beatles y de la innegable influencia de Martin en su música, como inevitable fue hablar de la relación de Varona con Sabina, que ya llevan juntos 34 años. Entre risas y café, el gran músico español opina, recuerda y nos ameniza la tarde con un anecdotario lleno de sabiduría y experiencia.

Texto: Beli Jiménez / Fotografía: Raquel García

Entrevista Pancho Varona - 011

 

¿Cómo empezó tu relación con la música?
Mi madre nos puso un profesor de guitarra cuando yo era pequeño, a mi hermana y a mí, y ése fue el punto de partida. Ella se empeñó en que tocáramos la guitarra y gracias a ella empezó todo.
Y ¿cuándo empezaste a querer dedicarte profesionalmente a ello?
Nunca, yo nunca tuve la intención de dedicarme profesionalmente a ello… hasta que Joaquín (Sabina) me dijo: «Vente conmigo y déjalo todo», como Cristo a San Pedro. Y lo dejé todo y me fui con él, pero yo no había pensado antes en ello. Cuando conocí a Joaquín, yo iba para funcionario.

Eres compositor, arreglista, guitarrista, productor…
Bajista.
Bajista también. Pero, ante todo, se te conoce por ser el «escudero de Sabina», como alguna vez el de Úbeda ha bromeado. 
Eso me dice la gente, eso me dice él. A mí me gusta mucho. Como una vez me dijo, soy su andamio.
¿Cómo nació vuestra relación?
Pues en La Mandrágora, un bar al que yo iba a verle, porque yo era fan de Joaquín. Y allí nos conocimos porque el bar era tan pequeño y había tan poca gente que era fácil relacionarse. Después del concierto, nos quedábamos a charlar allí. Un día me pidió un cigarro, yo se lo di y ahí empezó todo.

Háblanos de tu disco, homónimo, de 1995.
Yo lo llamo «disco póstumo», un disco que nació, vivió y murió el mismo día. Discutí con la compañía por un asunto del disco en sí y ellos decidieron no reponer lo distribuido. Entonces, se vendieron los quinientos o mil que había en las tiendas y una vez que se vendió eso, no se repuso. Con lo cual, el mismo día que nació, murió. A mí me parece una historia hasta romántica y bonita, porque yo me salí con la mía, no cambié de vida, seguí con Joaquín, el disco me gusta, no me hizo plantearme una carrera de artista ni de solista, seguí en mi sitio… y es una historia bonita.

«Joaquín es un poeta y yo resuelvo crucigramas»

¿Tienes copias?
Me quedan siete. Es más, yo he vuelto a la compañía con la que lo grabé, que es con la que grabo con Joaquín, que en aquella época era RCA, luego fue Ariola, luego fue Sony. Tengo una relación con ellos por Joaquín Sabina y alguna vez les dije: «Oye, ¿reeditamos el disco?» y me dijeron que vale. Y, luego, eso se ha quedado en nada, pero había intenciones. No para ganar pasta, por supuesto, sino para que los que no lo consiguieron, lo consigan ahora, un recuerdo.
¿Compusiste tú todas las canciones del disco?
Yo tengo música en todas. Algunas letras son de Joaquín, otras letras son de mi hermana y yo me planteé que cuando sacara un disco como solista, tenía que escribir yo también alguna letra. Con lo cual, yo hice dos o tres letras, me parece, Joaquín hizo un par de ellas, mi hermana hizo cinco o seis y así nos repartimos. Música hay mía en todas. Algunas en su totalidad, otras con Antonio García de Diego… pero yo estoy en todas las canciones, que es lo que quería conseguir.

Eres, principalmente, compositor de música, pero tienes mucho ingenio con las palabras. ¿Nunca te has lanzado a escribir alguna canción en su totalidad?
Es que Joaquín me ha enseñado a unir palabras. Siempre pongo esta comparación: Joaquín es un poeta y yo resuelvo crucigramas. A mí me pones un crucigrama y yo tengo mucha habilidad para coger esta hoja, coger las palabras y ponerlas en orden: «ésta rima con ésta, esto va aquí…». Yo hago muy bien puzzles, pero no escribo letras.
¿Te tienen que dar la materia prima?
No, no. Lo que quiero decir es que lo puedo hacer yo, pero soy malo.
Hombre, si te comparas con Sabina…
Claro, es que el listón está muy alto y llevo con él 34 años. Entonces, no me queda más remedio que comparar siempre con lo que él me enseña y decir: «Soy una mierda, soy una mierda…». Pero, al mismo tiempo, me gusta eso de no dármelas, de no creérmelo, de mis crucigramas pequeñitos… y así soy feliz.
Entonces, ¿no te da por ponerte a escribir letras?
Hace mucho que no escribo ninguna letra, pero si me pongo, podría escribirla. El problema está en que no encuentro un arranque. Joaquín siempre dice que necesita un verso que le excite para seguir escribiendo el resto de los veinte versos de la canción entera. Yo también. Con un buen arranque, soy capaz de seguir, más o menos. Pero hace mucho que no escribo. La edad te hace perezoso en la composición, creo.

¿Qué prefieres: música sobre letra o letra sobre música?
Siempre música sobre letra. Primero, la letra; que sea libre, que vuele sola, que no tenga ningún tipo de ataduras, que la letra sea lo mejor posible. Y ahí entra la música. Para que el escritor sea libre y lo haga lo mejor posible, tienes que dejarle que escriba lo que él quiera, y luego ponerle música. Porque, si no, le cortas los pies. Yo creo que es muy importante la letra, seguramente más del 50% de una canción. La letra tiene que ir libre.
¿Cuál es la letra a la que más te ha costado ponerle música?
A muchas. Una de las me ha costado es No me importa nada, la que luego cantó Luz Casal. Me costó muchísimo. Me tiré con esa letra en mi casa años. Intentaba cosas y no me gustaban. Todo era muy cursi, muy lento, muy trascendente, muy serio… Y menos mal que soy inconformista. Si tengo una letra muy buena, intento ponerle una música que esté, más o menos, a la altura. Por eso, Joaquín y yo hemos hecho buenas canciones, creo, porque nunca me he quedado con la primera que me ha salido. Yo creo que el secreto está en eso: en trabajar. Pero No me importa nada me costó muchísimo.
Y ¿cuánto sueles, más o menos, de media, tardar en ponerle música a una canción?
No hay un patrón. Depende de lo que me diga la letra, de lo animado que esté, del tiempo que me tire intentándolo y no me canse enseguida y lo deje… Depende de muchísimas cosas. Entonces, pueden ser diez minutos, como me ha pasado muchísimas veces, o pueden ser dos años.

Entrevista Pancho Varona - 001

¿Cuándo y por qué empiezas a producir discos?
Joaquín y yo empezamos a producir juntos porque nos dimos cuenta de que los demás eran muy malos. Y dijimos: «¿Por qué no lo intentamos nosotros?». Joaquín y yo ya habíamos tenido experiencias en estudio, habíamos visto cómo se grababa Hotel, Dulce HotelJuez y Parte, el Sabina y Viceversa… y dijimos: «No es tan difícil, ¿no? Con un buen técnico de sonido, nos podemos atrever, ¿no? Porque si nos lo hace el que nos hizo Juez y Parte, no nos va a gustar; o si nos lo hace el que nos hizo Ruleta Rusa, nos va a gustar menos todavía, pues vamos a intentarlo nosotros, ¿no?». Entonces, ahí nos atrevimos. Y ahí fue cuando convencimos a Antonio García de Diego de que nos ayudara y éramos tres produciendo: Antonio, Joaquín y yo. Y fue un poco un acto de intrusismo, ¿no? «Ya que no hay otro mejor que nosotros, ¿por qué no nosotros?».
Y ¿cuándo empiezas a producir a otros grupos?
Una vez que vemos que se puede, una vez que hacemos El Hombre del Traje GrisMentiras Piadosas, ya nos empezamos a creer los reyes del mambo, que tampoco era para tanto ni mucho menos, y entonces nos llega una oferta para producir Pabellón Psiquiátrico, y Antonio y yo aceptamos. Después, nos llega otra oferta para producir a Ana Belén, y aceptamos, por supuesto. Nos llega otra oferta para producir a quien sea, aceptamos. Joaquín de repente decide hacer otro disco con nosotros, aceptamos. Nos vamos metiendo en el mundo de la producción sin darnos cuenta, hasta que nos empiezan a llamar Pasión Vega, Estopa, Sergio Dalma…  mucha gente. Tuvimos una época de productores de moda, pero eso, claro, duró unos años y nos fuimos a la mierda, como pasa siempre. Y hubo una época en la que nos lo pasábamos muy bien porque producíamos todo, todo lo que había era para nosotros. Y no éramos productores, éramos músicos. Antonio es muy buen arreglista, yo no tanto. Yo soy mejor productor que arreglista y él es mejor arreglista que productor. Nos apañamos muy bien, hacemos una mezcla estupenda Antonio y yo.

En alguna entrevista, hemos leído que tocas y compones para viajar, no para ligar.
Para ligar ya no. Hace veinte años, sí. Ahora compongo para viajar… para seguir viajando.
¿Qué ciudad te ha cautivado especialmente, de todas las que has conocido?
Es que hemos ido a muchas, por suerte, pero yo llevo una temporada obsesionado con Nueva York. Fuimos una vez a tocar con Joaquín y yo adelanté mi viaje tres días para disfrutar de la ciudad. Dimos un concierto con Joaquín. Me enamoré con locura de esa ciudad.
¿Nunca antes habías ido?
Nunca antes había ido. Ya estoy viendo la forma de volver como sea: con puntos Iberia el vuelo, mediante algún amigo que viva allí que me consiga la estancia… Tengo previsto ir en cuanto pueda. A desquitarme y a estar, en vez de tres días, una semana andando, que a mí lo que me gusta es andar por las ciudades, pasearlas de arriba abajo. Y Manhattan es muy paseable, porque en un día te la cruzas de norte a sur y de este a oeste. Es una ciudad maravillosa, ideal. Llevo tres o cuatro días obsesionado con ella. Aparte, he estado en Jerusalén, Tel Aviv, ¿qué te voy a contar? Zurich… yo qué sé, me encantan las ciudades. Pero cuando llegué a Nueva York, dije: «Esto es lo que andaba buscando». Nueva York es acogedora. Todo el mundo es de fuera como tú, sus raíces son de fuera. Da gusto ir a Manhattan y ver que todo el mundo está tan despistado como tú. Es un sueño Nueva York.

De todos los artistas con los que has colaborado, y no vale Joaquín, dinos…
Con el que más te has reído.
Con Estopa.
El que más te ha sorprendido.
Serrat.
¿Por qué?
Porque es mucho mejor artista de lo que yo pensaba, que ya pensaba que era bueno, y es mucho más serio de lo que yo pensaba trabajando. Es un sargento, un sargento bueno, pero un sargento.
El que más te ha emocionado.
No sé qué decirte… todos. Me ha emocionado mucho trabajar con Manolo Tena y componer canciones con él.
Del que más has aprendido.
Es que… Joaquín.
Venga, en ésta te dejo que sea Joaquín.
Es que es Joaquín.
El que más huella te ha dejado.
También Serrat, supongo. Yo a Serrat lo escucho desde los ocho años. Mi madre compró, cuando yo tenía ocho o diez años, el disco de Antonio Machado. Ese día entró Serrat en mi casa. Fui a verle en octubre al Palacio de los Deportes, con mi hija, y me emocioné tanto… explicándole las canciones. Cuando cantaba De cartón piedra…, yo le contaba que hablaba de un loco que se enamora de un maniquí de un escaparate y tira una piedra, rompe un cristal, se lo lleva a su casa… Es una historia maravillosa, ¿no?

«Con las Noches Sabineras hemos empezado a agotar entradas 15 días o un mes antes»

¿Cuál fue la primera canción que compusiste junto a Sabina y cómo surgió?
Antes había un programa que se llamaba Vivir cada día, que era una especie de documental semanal y cada semana rodaba un director. Entonces, uno de ellos estaba dedicado al Mago Tolito y a Joaquín le pidieron que hiciera una canción para ese Vivir cada día. Joaquín hizo una canción llamada Tolito, el mago, luego, Balada de Tolito, y a mí me pidió que hiciera la música. Entonces, Antonio Sánchez, su otro guitarrista, y yo nos pusimos con dos guitarras y la hicimos. Ésa fue la primera que hice con él. Muy cursi, pero muy bonita.

Hace cuatro años publicaste el libro Más de Cien Verdades. ¿Disfrutaste recordando anécdotas? ¿Lo has vuelto a leer desde que se publicó?
Pero ése no lo escribí yo. Era una charla con un periodista durante días. Charlábamos, por ejemplo, de música. Él tenía temas y cuando se nos acababa uno, al día siguiente quedábamos en la misma cafetería y pasábamos al siguiente. Eran charlas de días y días. Él lo iba grabando y sacó lo que creía que era mejor. Es una entrevista conmigo transcrita por otro chico, pero es una entrevista, yo ahí no he escrito nada. No tengo ningún mérito. Simplemente, son mis opiniones. Opiniones de un payaso, como dice Manolo Tena.
Y ¿no has pensado en escribir tú un libro?
Sí, estoy en ello. Lo que pasa es que la última línea la escribí hace dos años. Tengo ya escritas 200 páginas o 300. Es mi vida con Joaquín, con 34 años de carretera. Hace dos años, eran 32. Nunca va a terminar porque siempre voy añadiendo meses y años. Pero sí, lo tengo en mente y tengo escrito más de la mitad.
¿No te has puesto una fecha para publicarlo?
Me la puso la editorial, pero yo no hice caso porque no puedo estar presionado, no soy escritor. Cada vez que me pongo a releer lo escrito, empiezo por la página 1, empiezo a corregir cosas que no me gustan y no termino nunca, nunca consigo pasar de la página 20. Yo no soy escritor, así que me va a costar mucho terminarlo. Lo que quiero es que no se me olvide tenerlo escrito y eso lo estoy consiguiendo, ya voy por 2004, me parece, que fue cuando yo dejé el tabaco, dejé la bebida… cuando dejé todo y me fui con Estopa. Voy por mayo de 2004, así que me quedan doce años, que son de los que más me acuerdo. Va a ser lo más rápido de escribir, pero me va a costar. Tuve que coger todas las agendas que tenía de todas las giras, todos los datos que tenía, todos los audios, los vídeos… recopilarlo todo y empezar a darme cuenta de dónde estábamos en qué mes de qué año. Me hice una cuadrícula a mano con todos los meses y todos los años. Y he conseguido acordarme de casi todo. Si un fan de Joaquín quiere saber dónde estábamos en marzo del 93, lo sabe por mi cuadrícula.
Pero ¿está publicada?
La tengo yo en mi casa y va a a ir con el libro. Irá dentro del libro.

¿De quién fue la idea de llevar a cabo las Noches Sabineras, para poder dar la posibilidad a los seguidores de Sabina de cantar sus canciones con su banda?
Ése creemos que es el hallazgo, hacer a la gente tan partícipe, porque Joaquín es un tipo muy querido y muy seguido. La idea nos vino porque nuestro manager de Barcelona, Rubén Martínez, un día nos dijo: «Ya que mañana tocáis en el Palau Sant Jordi (Barcelona), ¿por qué no viajáis el día antes la banda de Joaquín y os metéis en un bar y tocáis?». Pues la noche antes del concierto en el Sant Jordi, vamos a Barcelona, nos metemos en un bar y tocamos canciones de Joaquín, compuestas por nosotros también, pero en un bar y sin Joaquín. «¡Qué buena idea! Podemos hacerlo otro día». Y, entonces, a mí se me ocurrió: «Podríamos invitar a la gente a que suba a cantar, ya que suben famosos, que suba público en general». Y fue muy resultón.
Y un éxito. En Galileo Galilei (Madrid) estáis llenando todos los meses.
Y ya hemos empezado a agotar entradas quince días antes o un mes antes, que nunca nos había pasado. Desde hace cuatro o cinco meses, agotamos y no sabemos por qué.

¿Qué opinas del consumo de música actual, especialmente de las plataformas de streaming con modalidad de pago mensual? Redes sociales, internet… ¿Ayuda o perjudica?
Spotify me parece un invento maravilloso. iTunes me parece necesario, aunque no tan maravilloso. A mí me sigue gustando comprarme un disco, pero soy de los pocos que quedan que hacen eso. Yo opino lo de siempre: las descargas digitales y la piratería hacen un daño terrible. Pero también opino lo que opinan muchos: que yo, gracias a internet, sobrevivo muy bien. La gente me ha conocido por internet, se viene a los conciertos y, bueno, yo no me puedo quejar. Estoy agradecido y feliz porque internet ha hecho mucho daño, pero también, en mi caso, mucho bien. Tengo sentimientos encontrados. Era más terrible hace quince años, cuando ibas por la calle y veías el disco tirado. Eso dolía más, el top manta. ¿Lo que pasa ahora? Pues sí, es muy injusto que un tío coja tu canción y se la quede sin pagarla, pero yo estoy agradecido por otro lado a ese mismo tío que me roba esa canción, entre comillas, y luego va a un concierto. Y yo no le puedo decir nada, porque yo vivo de los conciertos, no de los discos. Pero no me gusta, yo no cojo música que no me pertenece. Si no es mía, la pago, pero sé que hay gente que no se lo puede permitir o que no se lo quiere permitir y lugar contra eso es muy difícil.

Entrevista Pancho Varona - 007

Ahora vamos a meternos en un tema peliagudo. El otro día entramos en un debate con Txetxu Altube y la pregunta es: tú que has compartido escenario con tantos, ¿qué es un cantautor?
Un cantautor… Lennon, cuando se separó de los Beatles, era un cantautor. Era songwriter, escritor de canciones. A mí lo que no me gusta del cantautor es el término, la palabra «cantautor», la odio. Pero un cantautor es un escritor de canciones que luego las canta. Dylan es un cantautor, Txetxu es un cantautor… A mí me gusta más pertenecer a una banda. Un cantautor es el que se gana la vida sólo con la guitarra cantando para la gente. Yo, cuando estuve el otro día en Libertad 8 cantando mis canciones, fui de cantautor, pero cuando voy a Galileo con la banda, voy con una banda. Soy un músico de banda.
O sea, que cantautor ¿es el que va solo?
No, no me he explicado bien. También puedes ir con tu banda, pero la banda te acompaña. Tú pones el nombre. «Joaquín Sabina y Viceversa». Joaquín Sabina es el artista, el cantautor, y Viceversa la banda que le acompaña. Es difícil. Simplemente, la palabra no me gusta porque es muy forzada. Me gusta en inglés, songwriter, que es escritor de canciones.
Pero ahí no está el «canta».
Ahí no está el «canta», claro. No sé, «cantautor» me parece muy antiguo. Igual a cuando me dicen: «Eres el escudero de Joaquín». Pues me jode escudero, no me gusta. No me importa que me lo llamen, pero me suena a antiguo, como cuando dices «cantautor» o cuando dicen que Joaquín es un juglar… Venga, hombre, ¿un juglar?
Entonces, ¿no ves el término vinculado a un movimiento o a un estilo de música en particular?
Se supone que sí, la canción-protesta. El cantautor está más asociado a la canción-protesta que a la canción moderna. No sé, imagino que un cantautor también tiene algo que decir  y que contar a la gente. Bisbal, aunque componga sus canciones, no es un cantautor. Txetxu Altube sí, aunque le joda.
No le jode…
¡Ah! ¿Le gusta?
Sí, dice que lo es.
Bueno, pues Txetxu lo es. Bisbal, no. Y los dos hacen lo mismo: cantan sus canciones y las componen. Bueno, Bisbal ya no compone tanto, pero me entiendes, ¿no? Bruce Springsteen es un cantautor. Eso está bien. Y es rock.
¿Qué opinión te merecen los cantautores de esta generación?
No me gustan. Hombre… «El tuerto en el país de los ciegos es el rey», ¿no? Yo es que vengo de la época de Hilario Camacho, Aute, Sabina, Víctor Manuel, Serrat… Yo viví esa época dorada maravillosa de la música española en la que todos hacían buena música. Todos. Entonces, ahora me parece interesante, pero no llega a la altura de lo otro, ni mucho menos. Pero sueno a abuelo cebolleta [risas].
«Cualquier tiempo pasado fue mejor».
Exactamente. Por eso, sé que no soy creíble. Pero como sé de música y tengo mis propios gustos, lo puedo decir. Puede que no tenga razón, pero yo pienso así.
¿Quién es el tuerto de ahora?
Ahora incluso hay algún rey, hay algunos muy buenos. Quique González es maravilloso, ha sacado un disco buenísimo. El de Coque Malla también es muy bueno. ¿Coque Malla es un cantautor? Pues sí, pero no. Es un músico de rock que lleva una banda detrás.
Pero, a ver… ¿Bruce Springsteen es cantautor y Coque Malla no?
A Bruce se le llama cantautor, pero para mí no lo es, es un músico de rock. Es cantautor porque canta lo que escribe. A eso que me has preguntado, eso que te he contestado, ahora mismo podríamos hacer la pregunta otra vez y te contestaría lo contrario perfectamente, porque tengo un lío que no me entiendo [risas]. Lo único que sé es que la palabra no me gusta.

¿En cuántos proyectos estás metido ahora mismo? ¿Vamos a tener en un futuro, próximo o lejano, nuevo disco de Pancho Varona?
Tengo mucho lío de vida. Tengo un programa de radio en Radio Nacional; bueno, una colaboración que no me quita mucho tiempo, un día a la semana. Ahora estoy metido en un proyecto nuevo con El País, que no puedo contar, pero también va a ser de radio; me va a quitar otro día a la semana. Luego tengo, casi todas las semanas, dos conciertos, viernes y sábados. Con lo cual, el viernes viajo para tocar, el sábado toco en otro sitio y el domingo vuelvo a casa, que es día perdido porque estoy de viaje. No me queda mucho tiempo para pensar en escribir el libro, ni en sacar discos, ni en componer canciones… Me queda el tiempo justo casi para vivir. Aun así, yo soy hiperactivo y me gusta hacer muchas cosas, pero no puedo hacer más. Y Joaquín, en cuanto me diga: «Pancho, vamos a componer»…
Lo dejas todo.
Lo dejo todo y me voy con él a componer. Eso es lo que más me gusta.

«No se puede odiar a los Beatles ni siendo un Beatle»

Como sabemos que tú eres muy de los Beatles…
Todo.
…y que nos ha dejado George Martin, ¿qué habría sido de los Beatles sin él?*
Seguramente no existirían, se habrían quedado en Hamburgo muertos del asco. Seguramente no habría pasado nada. Aunque ellos en The Cavern iban subiendo como la espuma, se habrían quedado en un grupo grande de Liverpool o un grupo británico medianamente importante, pero George Martin les encauzó musicalmente. Es todo. Ellos ya sonaban bien como banda propia, pero Martin les hizo sonar mucho mejor todavía. Los Beatles han sido un poco malos con él y nunca le han dado la importancia que yo creo que tenía. Martin tenía que ser un tío con unos con conocimientos de música impresionantes. Ellos le han ninguneado un poquito y a mí me da rabia. Y nunca sabré cuál es la verdad: si no hizo tanto, como ellos dicen, o si hizo tanto, como yo pienso. Lennon, que era un cabrón, el cabrón más maravilloso del mundo, le ninguneaba de una forma… ¿Sabes lo que le dijo un día? Que no le gustaba nada de lo que había producido de los Beatles nunca. Y le dijo George Martin: «Bueno, Strawberry Fields sí, ¿no?». Y dijo Lennon: «La que menos me gusta de los Beatles». ¡Es una maravilla! Y dijo que no le gustaba, ¡que la habría rehecho!
Vale. Beatle favorito, John, ¿no?
Sí, por supuesto. Puede sonar pedante y raro, pero yo comprendo tanto la forma de componer de Lennon, le he estudiado tanto que sé perfectamente por qué hacía cada cosa, dónde estaba acomplejado, dónde sufría cantando, dónde disfrutaba componiendo, qué le gustaba, qué no le gustaba… Estoy seguro de que tengo la verdad absoluta en cuanto a Lennon. No hay otro como él. Así como McCartney era la sabiduría musical, Lennon era el talento casual, la casualidad más maravillosa del mundo. Lennon se tiraba en el sofá con la guitarra, ponía un acorde que no sabía cómo se llamaba… «Suena bien. Voy a quedarme en este acorde todo el rato y voy a ir cambiando la melodía, pero sin cambiar el acorde, porque estoy tirado en el sofá, tocando, y no me apetece cambiar los dedos». Y hacía Julia, por ejemplo, que es una maravilla, sin cambiar los dedos. O Dear Prudence. Ése es el Lennon casual que me gusta a mí, el que encuentra una cosa por casualidad. En cambio, McCartney era el que sabía cuál era ese acorde de Lennon. A mí me gusta la intuición de Lennon, que es parecida a la de Joaquín. Joaquín es un músico intuitivo; sin conocimientos, pero muy intuitivo.
Un disco de los Beatles.
Abbey Road. Siempre digo también una cosa: a una isla desierta me llevaría el blanco (White Album), pero porque es doble [risas].
Una canción.
Yo sin Come together no puedo vivir.
Una película.
La colección de DVD, el Anthology es la Biblia.
¿George Martin vs. Yoko Ono?
Yo a Yoko le haría un monumento en la Gran Vía. Yoko inspiró las veinte mejores canciones de Lennon. Si existe la palabra musa, es ella. Ante eso, yo me inclino y hago reverencias. Para mí, es eterna.
Te han hecho elegir entre John y Paul y entre George y Ringo, pero entre Paul y George, ¿con quién te quedas?
McCartney. Me caía muy bien Harrison, pero a Harrison no le gustó ser un Beatle. Estos dos (Lennon y McCartney) no le dejaban componer, sólo le dejaban hacer solos de guitarra. Él no estaba muy contento con su condición de Beatle, odiaba la fama. Ringo era el simpático; Paul y John, los talentosos; y George era el que hacía los solos de guitarra. Seguramente él fue el primero que quiso romper los Beatles. Creo que fue el menos Beatle de los cuatro y a mí eso me da rabia. No se puede odiar a los Beatles ni siendo un Beatle. Los Beatles son la Obra Maestra de la Humanidad.

Vale, pues ahora te toca contestar al Krinki-cuestionario.
El cabrón.
El divertido.
Me voy a poner serio, entonces. Serio, serio [risas].

¿Cuál es el sitio más raro donde has compuesto una canción?
En un coche, entrando en México, hice la música de Como un dolor de muelas. Y en un coche, volviendo a casa, hice una canción que se llama Canción de cuna de la noche y los tejados, que hicimos con letra de Joaquín. En un coche creo que ha sido el sitio más raro. Bueno, durmiendo.
¿Durmiendo?
Si. Durmiendo he hecho una música entera y me he despertado para grabar lo que me había salido. Fue la música de una canción de mi disco que se llama Cualquiera menos tú.

¿Qué es lo más gracioso que te ha pasado en un concierto?
Me han pasado muchas cosas graciosas. Ha habido un par de ellas buenas. Una vez me tiraron una bengala encendida y se me quedó en la camisa. Se me empezaron a quemar los pelos del pecho [risas], me moví, se cayó y se quedó entre las cuerdas y el cuerpo de la guitarra. Tuvieron que salir los pipas con toallas porque fue muy peligroso, estaba con la camisa quemada…
Gracioso… ahora.
Ahora gracioso, sí. Otra vez hubo un tío que me llamó desde la valla:
–Ven aquí, ven aquí, ven aquí, por favor, que te voy a decir una cosa.
–¿Qué quieres?
–Te llevo siguiendo desde que empezó tu carrera, Sancho [risas].
De ésas nos pasan en cada gira.

Entrevista Pancho Varona - 005

¿Cuántas prendas de ropa interior te han tirado mientras actuabas?
A mí, ninguna. A Joaquín, pocas. Por suerte, porque me da un poco de vergüenza eso.

¿Qué música llevas en tus cascos/coche?
En los cascos llevo un iPod que tiene diez mil canciones. Últimamente, por ejemplo, estoy escuchando mucho a Coque Malla, el último disco de Love of Lesbian, el de Quique González… eso en música española. En música extranjera, siempre escucho Beatles; últimamente, he escuchado a Dr. John; me gusta mucho The Black Keys y el líder, que se llama Dan Auerbach; me gustan mucho los Arctic Monkeys… Escucho muchas cosas. Todo tiene que tener, a poder ser, un mínimo rockero, menos con los españoles, que es mucho más difícil que sean rockeros y me gusten.

 

¿Qué te gustaría escuchar en el hilo musical del supermercado, mientras haces la compra?
Me gustaría escuchar, por ejemplo, Lou Reed, su disco Rock n Roll Animal. Me pondría Sweet Jane [la canta], echando al carro todos los alcoholes, todo lo que engorda… y luego no pagar e irme corriendo [risas].

¿A qué película te gustaría haberle puesto la banda sonora?
A cualquiera de Kubrick. Son todas maravillosas. Es el mejor director que ha habido nunca, para mí. Pero pasa que las músicas que tiene son tan sublimes que son insuperables. Habría hecho el ridículo, comparado con la música que suena ahí: Beethoven, Strauss…

El logro profesional que más ilusión te ha hecho.
Llevar con Joaquín 34 años. Ésa es mi medalla, todos los días la limpio.

¿Qué te dijo tu familia cuando les dijiste aquello de: «Mamá/Papá, quiero ser artista…» o, bueno, «Lo dejo todo y me voy con Joaquín»?
Mi madre me dijo que estaba loco. Mi padre murió cuando yo tenía ocho años, no se enteró de nada. Me habría gustado que me viera mi padre viajando a Nueva York, por ejemplo, a tocar la guitarra. Mi casa era una casa muy musical; mi madre cantaba mucho, era muy cantarina; mi padre tenía buen oído, cantaba bien… Pero, bueno, no pasa nada, yo era tan pequeño que nunca he relacionado a mi padre con la música. Mi madre sí, tuve la suerte de que pudo opinar, pero se ha pasado veinte años diciéndome: «Hijo, eso de la música es muy inseguro. Déjalo y búscate algo serio». ¡Veinte años! Cuando yo llevaba con Joaquín veinte años y ya llevaba con él escritas cincuenta o sesenta canciones…

Manías antes de salir a tocar.
Ninguna. Nada especial: mirar que no tenga la bragueta bajada o un moco colgando [risas], yo qué sé… o que el sombrero esté puesto al revés. Me pongo la petaca, el pinganillo… cosas mecánicas. No tengo manías.

¿A quién te gustaría que hiciésemos esta entrevista? Nomino a…
Me gustaría que se la hicierais a Zahara, por supuesto. Da mucho juego, es maravillosa. Voy a un concierto de ella y entre canción y canción, muero de risa. Podría ser monologuista. Soy muy fan de Zahara.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?
El primer concierto serio al que fui fue un concierto de un grupo estadounidense que se llama Canned Heat, que fueron famosos en su época. Les conocía por el Festival de Woodstock y, entonces, vi un anuncio en un periódico que ponía: «Canned Heat. Teatro Monumental». Y le dije a mi madre: «¡Mamá, mamá! Quiero ir a este concierto, por favor». Yo tenía 16 años. Y, entonces, compré una entrada, me llevé la cámara de fotos de mi padre y mi madre me dijo: «No se te ocurra perder la cámara de fotos». Fue lo único que me dijo. ¿Qué le pasó a Panchito? Que perdió la cámara de fotos. Lo que pasa es que mi madre era tan buena que recuerdo que me dijo que no la perdiera, pero no recuerdo que me echara una bronca por haberla perdido. No me regañó.

Una canción para bailar.
¿Para bailar agarrado?
¡Otro como Dani Flaco! ¿Con qué canción bailas tú?
Yo no bailo nunca. Eh…
Andrés Suárez eligió Noches de boda.
Pero para bailar un vals.
Para bailar, al fin.
Yo elegiría una de Dylan, por ejemplo, To Ramona, que también es un poco valsecito [la canta].

 

Una canción para hacer el amor.
Una que se llama Sex machine, pero que no es de James Brown, una que es de Sly & the family Stone. Dura diez minutos y es maravillosa.

 

Una canción para llorar.
El Romance de Curro El Palmo, de Serrat. O La tieta, también de Serrat.

 

Si pudieras meterte en una máquina del tiempo, ¿a qué época te gustaría viajar?
Me gustaría mucho estar en la época en la que se inventó la música moderna, cuando nació Bach, cuando Bach era joven, por el 1700. Me habría gustado ver cómo esos tipos escribían las partituras de noche, sin luz, sin bolígrafos, sin papel pautado… era maravilloso. Componían una noche una sonata y, al día siguiente, la tocaban después de comer la madre, el padre, el hijo, la hija, el otro hijo, el primo, la prima y el nieto. Ocho. Y todos tocaban el violín maravillosamente bien. Me gustaría haber vivido ese ambiente.

Cosas que nunca se le deberían decir a un músico.
Hombre, Serrat le dijo una cosa una vez a un bajista… muy cruel. Porque los bajistas buenos, para nosotros, son los que dan muy pocas notas y muy cuidadas. Bueno, pues Serrat una vez a un bajista le dijo: «Tú tendrías que haber tocado la guitarra» y el pobre chico se quedó chafado para siempre.

«¡El que le quitó la fiebre a Carmela fui yo, no él!»

Tu rincón (confesable) favorito de Madrid.
Te voy a decir una cosa que te va a extrañar: la estación de tren de Aravaca, el andén. Me gusta pasear por él arriba y abajo. Es más, llega el tren, dejo que se vaya y sigo paseando. ¿Estoy loco o no estoy loco?
Y ¿nunca nadie te ha dicho nada?
No. Intento que no se den cuenta porque me daría vergüenza que se notara que soy un viejo loco [risas]. Entonces, dejo pasar un tren solamente y me subo en el siguiente. Pero me gusta ver los trenes, ese andén… Da el sol por la mañana, es muy bonito, está en alto, hay árboles… mi barrio es bonito. Me pongo música, paseo… todo bien. ¿Por qué no?

Lanza una pregunta a nuestro próximo entrevistado.
Si sería capaz de hacer un concierto pay after show. A mí me parece indignante y un poco degradante, sinceramente.
Dani Flaco te pregunta: Aparte de la música, ¿a qué te dedicas?
Me gusta mucho hacer radio, lo que te decía antes. Yo llevo ya en la radio siete u ocho años, empecé en la SER, hice un poquito de todo, y luego me contrató Radio Nacional, llevo cuatro o cinco años. La radio es maravillosa. Si no me dedicara a la música, haría radio.

¿Cuál es el último concierto en el que has estado?*
Ayer fui a uno que me dio mucha pena, porque fui a ver a Les Luthiers. Ya son señores de 74, 75 años y el más querido y más gracioso de todos murió hace unos meses. Ese tío era como John Cleese, de Monty Python. Sólo con verle la cara, ya te hacía reír. Ahora han contratado a dos tíos para hacer lo que hacía éste y no le llegan ni a la suela de los zapatos, los dos juntos. Y, encima, los otros cuatro Luthiers están con 74 años ya. Entonces, pasé un mal rato, aunque estuve muy bien tratado, porque me invitaron al palco, había catering… esas cosas que nos pasan a los músicos, de repente, cuando tenemos 58 años, cuando con 20 no me invitaba nadie a nada [risas]. Y salí con la sensación de que en vez de ver un espectáculo de humor, había visto un espectáculo muy triste interpretado por un grupo de humor, es una sensación muy rara. Me hacen reír desde hace 40 años y ayer casi lloro viéndoles porque faltaba el alma de ellos y porque todo era diferente a como yo lo vivía hace 40 años. Fue tristísimo.

¿Qué te gustaría que te hubiéramos preguntado?
Siempre me gusta que me pregunten cómo se hacen las canciones, cómo se pone música a una canción. Ésas me encantan.
¿Cómo hiciste La del pirata cojo?
La hicimos Joaquín y yo una noche muy bonita en mi casa, él y yo solos. A Joaquín se le ocurrió de repente la idea «De entre todas las vidas, escojo la del pirata cojo». Solamente tenía eso. Entonces, a partir de ahí, empezó a pensar en una canción donde él hablara de profesiones que la habría gustado ser, pero que de todas, la que más le habría gustado es pirata cojo.
¿Es verdad que la hizo para bajarle la fiebre a su hija?
Sí, bueno, ahora te cuento la verdad. Empezamos en casa y decía Joaquín: «Al Capone en Chicago, ¡me encanta! Legionario en Melilla, pintor en Montparnasse…», y empezó a hacer una lista. No hay nadie con más talento que él haciendo listas. Mientras él hacía esa lista, yo hacía con la guitarra… [tararea]. Entonces, íbamos sumando su letra con mi música. Y cuando yo veía que un acorde, como Lennon, ya llevaba mucho rato en él, cambiaba a otro: «¡Anda! ¡Entra!». Y, entonces, de repente, nos llamó la mujer de Joaquín. Me llamó a mí, porque Joaquín no sabe coger el teléfono, no sabe cómo se usa un móvil, nunca lo ha usado [risas]. Me llama la mujer de Joaquín:
–Pancho, Carmela, mi hija, está con fiebre. Dile a Joaquín, por favor, que venga y que, de camino, busque una farmacia de guardia.
–Imposible. Joaquín está con el pirata cojo ahora mismo [risas] y no va a ser posible, pero no te preocupes, que yo me encargo.
Entonces, bajamos Joaquín y yo a la calle. Él no sabía ni a dónde íbamos casi, estaba tan emocionado con el pirata cojo, que yo iba conduciendo el coche y él iba sentado a mi lado con el papel y el bolígrafo y decía: «¡Viejo verde en Sodoma!», y yo buscando farmacias de guardia [risas], «¡Sultán en un harén!», y yo buscando farmacias de guardia. Encontré una farmacia de guardia, Joaquín no se movió del coche, compré el medicamento, fui a casa de Joaquín, aparcamos el coche, subimos Joaquín y yo, Joaquín todavía con el papel, diciendo «confesor de la reina, banderillero en Cádiz, tabernero en Dublín» [risas]. Yo saqué la medicina de Carmela, su mujer: «Ay, gracias, Pancho», «tenor en Rigoletto, pianista en un burdel»… ¡El que la bajó la fiebre a Carmela fui yo, no él! [Risas]. Le dimos el medicamento, volvimos a mi casa y terminamos la canción, que es lo que Joaquín quería. Además, me acuerdo perfectamente que la niña estaba en la bañera con agua tibia para que le bajara la fiebre, lo que se hace con los bebés. Me acuerdo perfectamente. Y él con la hoja, escribiendo profesiones. Fue una noche maravillosa, pero el que le bajó la fiebre a Carmela fui yo [risas]. Por eso me gusta contar cómo se hacen las canciones.
Es un trabajo muy bonito.
El mejor del mundo.

*La entrevista se realizó el 9 de marzo de 2016.

Entrevista Pancho Varona - 010

¿Me sigues?

Beli

Periodista melómana, blogger, ortogramaniática. Amante de los viajes, los conciertos y, sobre todo, los viajes con conciertos. Libra, zurda, Beatlemaniac y Ravenclaw. En ocasiones hago webs. Llevo la sonrisa puesta por defecto.
¿Me sigues?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *