López de Guereña: «Es mejor estar con alguien que estar en un sitio o en un tiempo»

Su hijo predilecto habla de Javier Krahe y nos trae su presencia a la conversación. Javier López de Guereña acaba de grabar su primer disco propio, Baile de Lágrimas, y lo presenta el próximo miércoles 18 de mayo en Galileo Galilei, una fiesta en la que el protagonista de la noche estará acompañado por un montón de amigos.

Texto: Beli Jiménez / Fotografía: Marta Martín Carballo

Entrevista Javier López de Guereña

¿Por qué decides estudiar Ciencias Biológicas?
Porque ya en el Bachiller me gustaban. En realidad, no fue eso, porque lo decidí bastante pronto. Creo que a los 10 años leí una biografía de Fleming de André Maurois, un biógrafo muy bueno, y me llamó la atención, aunque no tuviera mucha idea de qué estaba hablando; a partir de entonces, me interesé. Lo que pasa es que cuando llegó el momento de decidir qué carrera hacer, a los 16, yo ya tenía clarísimo que quería ser músico. Y, entonces, en casa dije que quería dedicarme a la música, pero tampoco quería dejar de estudiar. Y antes no había las alternativas que hay ahora y lo más cercano que podía hacer era Historia de la Música. Además, era tarde para entrar en el conservatorio y no era el camino que me interesaba. Y en casa me convencieron para que terminara Biológicas y después hiciera lo que quisiera. Y así fue y lo agradecí mucho porque, en el fondo, la formación científica da estructura a la cabeza de una manera muy particular, de una manera analítica, y eso es una cosa que me ha definido.
¿Te dedicaste a la biología profesionalmente?
Sí, un año. Según acabé la carrera, hice la «mili», que es una cosa que ya no existe y que no recordaréis, pero era una especie de prisión que teníamos que pasar casi todos los jóvenes españoles. Y al acabar la mili, me vine directamente a Madrid a triunfar [risas]. Sí, porque pensé: «O me voy a Barcelona, o me voy a Madrid». En Bilbao no había nada que hacer. Barcelona no es que esté mal, está muy bien, pero en Madrid hace más sol y de lluvia ya he tenido yo bastante. Siempre digo que vine a Madrid a buscarme la vida como músico y en realidad creo que vine huyendo de la lluvia. Y enseguida empecé a hacer cosas aquí. Me puse a tocar por ahí, en algún lado, y enseguida conocí a alguien y me puse a producir una cosa para un cantautor, que luego no fue a ninguna parte. Y como tenía una tía bien colocada aquí en Madrid, pues enseguida me encontró un puesto de trabajo en una fábrica, y yo me dedicaba a analizar empanadillas. O sea, que mi trabajo como biólogo era de la especialidad alimentaria y, además, era microbiología, asignatura que yo hice en una semana en la carrera porque me trasladé de Bilbao a Pamplona y, entonces, la tuve que hacer en una semana. Con lo cual, no tenía ni idea de microbiología, pero a eso me dediqué.
¿Sacaste alguna conclusión interesante de la composición de las empanadillas?
Sí, estuve sin comer empanadillas un año y pico.
¡No nos asustes!
No, no, dejé de comerlas por aburrimiento, no por otra cosa. Pues sí saqué la conclusión de que en realidad está muy bien que haya mucho control de sanidad, pero lo cierto es que el ser humano sobrevive a mucho más de lo que ves por ahí, pero muchísimo más. El ser humano está muy bien hecho. Bueno, total, que la fábrica ésta en cuestión se desmontó aquí en Madrid, me ofrecieron trasladarme a Zaragoza y dije que no. Y casi inmediatamente empecé a tocar con [Javier] Krahe.
¿No te planteas volver a dedicarte a la biología?
Eso me lo preguntaba mi madre… Por supuesto que no. Primero, porque no, porque yo me dedico a la música y aunque también me gusta y, por ejemplo, he descubierto que me encantan las matemáticas, me encantaría estudiar Matemáticas, pero creo que no voy a tener tiempo y me gustan mucho muchas cosas, pero no para dedicarme a ellas.

¿La música la aprendiste de manera autodidacta?
Sí. Bueno, es que la música es una cuestión empírica. Es empírica y no hay más tu tía.
Bueno, tiene algo de matemáticas…
No tiene nada de matemáticas, eso es anecdótico. Claro que hay un equilibrio en las cosas, pero es anecdótico. De hecho, hasta el siglo XVIII estuvieron peleándose sobre cuál era la escala adecuada para tocar. Al final quedó la temperada, pero hay todo tipo de afinaciones y al final la que se queda es la que resulta más agradable al oído y se acabó. Y matemáticamente es casi indefendible, pero como es la más equilibrada… Las matemáticas sirven para muchas cosas, pero no precisamente para componer música. Es un cuento chino, no hay tales mecanismos. De hecho, uno de los errores más gordos que existen en las artes en general es la cuestión de la prevalencia teórica. Hasta el Renacimiento, el teórico de la música es más importante que el ejecutante, el teórico, ojo, no el compositor, lo cual es un disparate. Empecé a estudiar Musicología y lo dejé porque me di cuenta de que aquello era delirante.

«Sé escribir mucho mejor de lo que leo»

Háblanos de tus composiciones. ¿Cuál fue la primera?
Mi primera composición fue un villancico en el colegio. Con 9 años me mandaron un ejercicio que era escribir un villancico, escribirlo, y yo le puse música. Mi madre lo conservaba por ahí, así que supongo que existirá. El caso es que, a los 11 o por ahí, un amigo mío había empezado a tener clases de guitarra y, entonces, como había mucha música alrededor, con mis amigos y demás, le pedí que me enseñara. Y enseguida supe mucho más que él, porque, claro, yo me ponía… Inmediatamente monté un conjunto y empecé a componer canciones.

Y ¿cómo empiezas a componer piezas para cine, teatro, danza y televisión?
Bueno, es que son muchos años. Lo primero que pasó es que tuve la suerte de tener un profesor de Música en el colegio… Eran otros tiempos, yo tenía cuatro horas de actividad intraescolar, cuatro horas de Música a la semana. Al principio había coro y después hacía lo que me daba la gana, quiero decir que montaba mis proyectos, durante cuatro horas a la semana, que se dice pronto. Teníamos un profesor que venía del mundo real, que había sido bajista de los Pop Tops, de Los Canarios, de gente así, y agotado de viajar, a los 25 años había decidido instalarse en un colegio. Y, entonces, éste enseguida me picó y me hizo escribir para varios instrumentos. Y, claro, yo entré al trapo inmediatamente. Escribir para varios instrumentos significaba que yo sabía los rudimentos de solfeo… rudimentos, rudimentos. Pues tuve que utilizar mi ingenio; iba grabando cosas, iba cotejándolas y empecé a aprender a escribir. De hecho, yo sé escribir mucho mejor de lo que leo. Sigue siendo verdad. Ésa fue la primera iniciativa. A partir de ahí, empecé a escribir muchas cosas y cómo ha ido pasando, han sido ir surgiendo cosas… Lo de danza fue porque enseguida empecé a colaborar con unas coreógrafas que estaban aquí despuntando con veintipocos años y querían hacer cosas. Yo justo tenía un grupo de jazz que acababa de montar… Y a raíz de esos conocimientos, en la tele me ficharon para Bola de Cristal, de ahí pasé a otro…

Se podría decir que ser crítico y artista al mismo tiempo es antagónico, casi un oxímoron. ¿Cómo has compatibilizado estas dos facetas?
No soy crítico. Soy muy crítico, pero no ejerzo. Lo fui una temporada, unos cuantos años, pero lo dejé porque me agotaba lo de escribir. Tal vez porque suelo ser muy condensado, muy apelotonado, y entonces sufría. Y también tenía el horrible síndrome del crítico, que es que iba a un concierto y me dormía. Eso era por ser crítico. Y también, al cabo de los años, de revisar alguna de las cosas que he escrito, he pensado: «¡Qué horror! ¡Qué pedantería!». Me avergüenzo bastante de mi etapa de crítico. Creo que la crítica hay que hacerla siempre con un sentido de respeto, de madurez y de distancia, por muy claro que tenga uno que aquello es una bazofia, que en muchísimos casos lo es, pues creo que es muy difícil no lesionar y al mismo tiempo decir la verdad. No me parece un trabajo fácil. Me parece un trabajo imprescindible, sobre todo para enseñar las cosas interesantes.

¿Empezaste a tocar en público con música jazz?
No. Empecé con canciones de los Beatles y componiendo cosas. Y en público, empecé a cantar canciones mías. Descubrí la bossa nova y luego ya me fui enrollando con el jazz, pero de hecho yo no soy realmente un músico de jazz. En realidad, yo no soy un músico de nada, eso es lo malo. Soy bastante yo  y me manejo bien en el lenguaje del jazz porque he hecho muchas cosas, pero tampoco es lo primero. Igual que el flamenco me empezó a interesar mucho más tarde, que es una cuestión más adulta.

Entrevista Javier López de Guereña

¿Cómo surge tu relación con Javier Krahe?
Pues porque yo, nada más llegar a Madrid, esto que te contaba de implicarme en la producción de un proyecto, uno de los músicos implicados era Andreas [Prittwitz] y, entonces, me hice amigo suyo y, desde ese momento, no nos separamos. Vivíamos en casas distintas y acabamos viviendo en la misma casa unos cuantos años. Estábamos todo el día juntos. Y como él hacía muchas cosas con flautas, cosas barrocas, de jazz, bossa nova… y tocaba también con Suburbano, de tocar con Suburbano, empezó a tocar con Krahe. Y ahí le conocí, y a base de conocerlo, enseguida se propuso que yo tocara para que Krahe dejara de tocar la guitarra.

Compositor, músico, arreglista, productor, crítico, cantante… ¿Hay algo dentro del mundo de la música que no hayas hecho?
Lo de cantante no está tan claro que sea músico, es discutible. Todos los músicos lo discutirían. Hay pocos cantantes que sean músicos. Cantar tiene mucho mérito, pero…
Me refería a músicos que cantan sus propias canciones.
Ya, si lo he entendido, pero lo he cogido por el lado maligno [risas]. Seguro que hay muchísimas cosas que aún no he hecho en el mundo de la música. Dentro de eso, escribo para cualquier instrumento, y todavía no he escrito para todos, pero no los toco, o sea que por hacer…
Pero ¿podrías aprender a tocarlos más fácilmente por saber escribir para ellos?
No. Me manejo en el piano, pero justísimo, y lo que escribo para piano es mucho más complejo que lo que sé tocar, pero se puede tocar y se toca. Hombre, claro que puedes aprender rudimentos, pero la verdad es que a determinada altura, no vale mucho la pena meterte a estudiar algo de violín si tienes contacto con los violinistas. Es que es inacabable, da igual qué instrumento sea.
¿Para qué instrumento te gusta componer más?
Tengo predilección por instrumentos de tesitura media, no aguda. Es decir, que me gustan más las violas que los violines, el corno inglés que el oboe, me gusta el fagot, me gustan las trompas… Pero, en realidad, puedo decir para cuáles no me gusta escribir o me resulta más difícil. Es curioso, para el que menos me apetece escribir siempre es la guitarra, porque es un instrumento para el que es difícil escribir y, claro, como es el que más conozco, cuando escribo, no puedo tocar, es decir que tengo que escribir como si escribiera para cualquier otra cosa y luego ya corrijo, porque si no, escribiría lo que sé tocar y eso es muy poco. Y, luego, otro instrumento que no me produce ninguna afinidad, que más bien me disgusta bastante, es el acordeón; y, sin embargo, he escrito mucho para acordeón y con mucho gusto. A priori, el acordeón no me gusta nada y luego he hecho una obra de teatro para acordeón solo, porque, claro, el acordeonista es maravilloso, se llama Esteban Algora y es maravilloso.
¿Cómo se llama la obra?
Nena, es una obra de títeres. Y, luego, por ejemplo, está Cuco Pérez, que es otro acordeonista que cada vez que le oigo me mareo, de bueno. Pero, fíjate, que a priori son cosas que no me tiran nada y luego acabo metiéndolo en todos lados.

Háblanos de Baile de Lágrimas, ¿por qué te has decidido a sacar un disco?
Porque tengo que comer [risas]. Bueno, básicamente, es la intención. Primero, porque cuando Krahe dijo que descansaba, pues como todo mi currículum figura muy bien, pero me da muy poco de sí ahora mismo… De hecho, ahora mismo estoy haciendo una película, un cortometraje-documental, voy a hacer algo de animación; de todo eso, no cobro nada. Es así ahora mismo, es que si no, no lo haces. Voy a hacer un trabajo para el Teatro de La Zarzuela, eso sí que es de comer, pero quiero decir que cuando me dijo Krahe que parábamos, me pregunté qué hacer y me puse a componer canciones como un animal con la intención, efectivamente, de sacarme los cuartos.

«De lo que más orgulloso estoy es de conseguir que Krahe cambiara una estrofa de La kriptonita»

Las letras de tus canciones rebosan imaginación y tienen mucha fuerza narrativa. ¿En qué te inspiras para componerlas? ¿Puede tener algo que ver haber hecho tantas composiciones para la banda sonora de obras del ámbito audiovisual?
No creo. Lo del cine desde luego, pero es que, en realidad, la música en el cine es una película dentro de la película, en el sentido de que todas las intenciones que figuran en un guión, con la música, se tiñen de otro color, del mismo o de distinto. Es decir, que una escena aparentemente neutral, tú puedes cubrirla de banalidad o de malas intenciones… la misma escena cambia con lo que pongas detrás. Con lo cual, no sólo tienes que leerte el guión, sino hablar con el director y el montador, que es quien más ve la peli con el músico, y ver qué es lo que se quiere contar, ponerse de acuerdo. Porque, evidentemente, si no, uno puede hacer una película distinta y eso no va a ningún lado. Y esas cosas pasan, incluso con los grandes. Encargó Pedro Almodóvar la música para una película a Ryuichi Sakamoto y no la usó. Pues seguramente lo que pasó es que Ryuichi Sakamoto hizo una música estupenda para una película que se imaginó él, pero no para la de Almodóvar.Seguro, no lo sé de primera mano, pero seguro que es así. Esas cosas pasan.
Entonces, ¿en qué te inspiras para componer tus letras?
En realidad, ni idea [risas]. La cuestión es que mi dificultad a priori sobre el asunto era ésa: «¿De qué escribo yo?». Y, entonces, sencillamente, lo que he hecho en casi todos los casos, quitando alguno en que supiera lo que iba a contar, es ponerme un mecanismo más o menos complicado de rima. Y, a partir de la rima, iba apareciendo la historia.
Es curioso, porque hay historias incluso oníricas…
Bueno, pero eso es fácil porque acabas disparatando. No es tan raro. Krahe decía una cosa parecida, que él se forzaba a jugar, en eso somos comunes. Yo toda mi vida he sido igual, aunque haya aprendido de él en lo literario, musicalmente yo también he funcionado siempre igual. Es ir poniéndote reglas, que luego te las saltas o no, o te haces un juego y sobre ese juego vas jugando. Siempre tiene un contenido moral al final y un sentido.
Y el sentido, ¿lo buscas o lo encuentras?
Yo creo que aparece, pero el caso es que las cosas que se te ocurren, son las cosas que se te ocurrieron a ti, no al vecino. Por qué hilas una cosa con otra o rimas esto con esto otro… por eso digo que acaba teniendo un contenido moral. Y por eso Krahe decía que él sabía lo que opinaba de una cuestión cuando escribía una canción. Tiene sentido, porque te pones a hacer algo y, al final, tu opinión se refleja.

De hecho, esa es la siguiente pregunta: ¿Qué influencia ha tenido Javier Krahe en tu música? ¿Puede ser, tal vez, el humor en las canciones?
Bueno, esto es todo un tratado, supongo [risas]. ¿Qué influencia ha tenido Krahe en mi música? Eso debe ser lo más difícil de establecer porque, en cierto modo, musicalmente, yo le saco mucha ventaja, pero, sin embargo, la ingenuidad, el desconocimiento… es que es muy gracioso. Krahe tiene unas cosas musicalmente buenísimas y muy sorprendentes, que la gente no suele apreciar por desconocimiento, pero que son por pura ingenuidad, pero que son buenísimas. Él no sabe por qué lo hace, pero a nadie se le ocurre más que a Krahe. Entonces, esa frescura, esa soltura siempre anima. Musicalmente es más difícil porque yo tengo muchos trucos acumulados, pero sí anima. Él tiene mucho más en lo literario, en el modo de hacer… El otro día me planteaba, aunque es gracioso pero tampoco es real, hacer un paralelismo entre las canciones de Krahe y las mías porque, en realidad, no hay inspiración directa, pero si me pongo, sí encuentro alguna que tenga que ver alguna cosa colateral, entonces, me hace mucha gracia, pero es subconsciente, pero es porque yo le encuentro esa relación.
Y ¿qué influencia has tenido tú en la música de Javier Krahe?
Pues, hombre, sí, mecánicamente en alguna cosa. Por ejemplo, en sacarle a veces de la rigidez de la rima en la canción. Quiero decir que alguna vez se pudiera añadir una sílaba de más porque quedaba bonito y no tuviera por qué ser dentro de una métrica, y a adentrarle en encontrar alguna estructura en la música que no fuera, por ejemplo, tipo Brassens, que es un chorizo desde el principio hasta el final, sino que le diera un poquito de vidilla, que cambiara en medio alguna cosa… en ir evolucionando. Aparte de ir cambiando, sugiriendo cosas… Y en eso la verdad es que se dejaba llevar absolutamente.
Se fiaba…
Sí. Yo recuerdo en el anteúltimo disco, yo creo, cuando estábamos ya preparándonos para el estudio, le dijimos: «A ver, Javier, aquí faltan todavía dos canciones». Nos enseñó una y Fernando [Anguita] y yo, que éramos los que estábamos, le dijimos: «Venga, ¡anda!, cambia la música, que así no vamos a ningún lado». E hizo otra música. Era consciente de que aquello era un apaño para grabarlo ya. Pero, en realidad, de lo que más orgulloso estoy es de haber conseguido que cambiara una estrofa de La kriptonita.
¿De la letra?
Sí. Coincidió con una época en que le había dado por que sus capacidades amatorias o sus ligues… que estaba de capa caída y ya no ligaba nada. Entonces, todo era la vejez, la decadencia… Y le dijimos: «Venga, Krahe, tío, si todavía sales por ahí y las chicas te siguen diciendo cosas. Deja de quejarte». Y, entonces, la última estrofa de La kriptonita la cambió entera. «Arriba el corazón y a ver si contratacas…».

¿Qué ventajas e inconvenientes ves en la evolución de la producción y difusión musical? ¿Es ahora más fácil que antes sacar un disco y llegar a la gente? ¿Es más fácil o más difícil ahora vivir de la música que antes?
Ahora mismo es igual de difícil o más difícil llegar al público. Lo de las redes sociales es un engaño. Quiero decir que el que llega a través de las redes sociales a algún público es tan escaso como el que llegaba antes por otros medios. Las redes sociales tienen su entorno y de ahí tampoco crece. Otra cosa es que después uno crezca por sus méritos o sus deméritos. Tú puedes hacer una aseveración sobre cualquier cosa, una reflexión filosófica, y va a llegar a tu entorno. Hoy mismo leía un comentario de alguien que había publicado sobre un escándalo, por llamarlo de alguna manera, que ha habido con José Mota. Una cosa absolutamente blanca, ingenua y de chiste. Y aquello levantó una polvareda… Y era un artículo muy bien escrito sobre lo que es el humor. Pero la verdad es que esto lo difundes y va a llegar a todos los que piensan como tú. Y ya está. Los que no piensan como yo ni se lo van a leer. Por eso, por el lado de las redes sociales no me creo casi nada. Creo que al revés, se está aliviando el esfuerzo de muchas salas y muchos puntos de actuación; se están cargando las tintas, que ya lo difundimos en redes sociales y no se pone ni un cartel en la puerta, y eso yo lo estoy viviendo a diario. No es que no pongan un cartel en la calle, que sigue siendo un método difícil, caro y eficaz. Pones un cartel y va la gente. Si no pones carteles, no va a ir la gente. Los carteles en Facebook no son carteles. Han cambiado tantas cosas a peor… no quiero ser un vejestorio en ese sentido, ¿eh?, pero hablo realmente. La música es un oficio bien duro, yo no tengo ni idea de qué he vivido hasta ahora, de suerte y de que he hecho bien mi trabajo y de que a muchísimas cosas he dicho que no, o sea, que no he hecho cualquier cosa, sino que he hecho lo que creo que tenía que hacer. Saber decir que no es importante, porque si no, al final te confundes. Pero, lamentablemente, yo creo que hay una pérdida de todo; primero, por parte de los artistas, de los protoartistas sobre todo, una pérdida de autocrítica bruta. «Hoy me he levantado, he hecho una canción y, entonces, ya está».
¿Quizá porque ahora es más fácil grabar un disco que antes?
Ahora está tirado, otra cosa es que no sirva para nada. Lo bueno de antes, en ese sentido, lo bueno de las discográficas, que tenían sus cosas buenas. Todo el mundo habla de la explotación de las discográficas. Pero, venga, ¡hombre! Si, total, te explotan por todos lados. Si no es eso, es que alguien se ocupaba y, además, para acceder a eso, había que tocar bien. Tú pon a una serie de chavales a tocar como Led Zeppelin. Además, entonces no había Pro Tools, o sea, yo sé lo que es pinchar y sé lo que es editar una cinta. Eso de cortar una cinta… Te la juegas. Ahora mismo se puede repetir, empezar, cortar, pegar… puedes hacer lo que te dé la gana. Hablo de cuando tocas y oyes 21st Century schizoid man, de King Crimson. La primera canción está tocada… además, sabes que ahí no hay trampa ni cartón, o lo tocas así o no está grabado así; es que está tocado con una precisión, con una exactitud… Bueno, pues ahí está. Ahora mismo hay muchísimos malos músicos y muchísima gente que no tiene nada que contar. Pero, simultáneamente, hay muchísima gente que no tiene nada que oír. Como la música nos inunda todo el tiempo, yo en mi casa no oigo música, salvo cuando oigo música, ni cuando cocina… A mí, como a muchos músicos, me encanta un bar sin música. Es una relación que tú a la música la tratas de otra manera, no como si fuera un ambientador. Los cambios han sido, desgraciadamente, a peor. Y ya no te digo nada de la valoración, que ahora mismo lo que pueda ganar alguien tocando en una actuación, vamos… y tú mantén una familia con eso. Yo es que llevo 35 años tocando y nunca… Bueno, sí, he cobrado mucho dinero, pero he cobrado mucho dinero porque he trabajado con un hombre muy generoso, pero nunca nos hemos manejado en cachés disparatados ni cosas así. Pero, vamos, trabajando mucho se podía vivir, pero ahora… Y para que alguien se entere de que hay alguien bueno… cuesta mogollón, pero es que hay tantísimo malo… Yo me aburro. De vez en cuando, escucho, pero hay que hacer un esfuerzo… Cuando aparece una joya que merece la atención, me pongo contentísimo. A lo largo de los últimos años, me encontré con Palito, que fue un descubrimiento, y Kamankola, que lo descubrí a través de Krahe. Éstos hacen algo, pero la verdad es que para mí hay tanta cosa indistinguible, que me da lo mismo. Luego hay mucha gente muy simpática, que eso no tiene nada que ver.

Entrevista Javier López de Guereña

El próximo 18 de mayo vas a presentar tu disco en Galileo Galilei. ¿Qué nos puedes contar de ese concierto? ¿Qué vamos a ver allí? Formato, colaboraciones…
El concierto va a ser un concierto en el que se me suma muchísima gente desde el principio hasta el final, gente que ha colaborado en el disco, muchísimos. Y espero que sea una fiesta, porque como nos conocemos desde hace muchos años y todos hemos tocado juntos mucho tiempo y sabemos lo que es la guasa y pasárselo bien en el escenario y yo me lo sé, pues la consigna es que toquen lo que puedan, que yo termino la canción [risas]. Que nadie se preocupe, que eso va para adelante. Y espero que lo pasemos muy bien, la verdad. Me imagino que hablaré menos que de costumbre porque, al estar tantos, pues por no hacer esperar, porque si me dejan suelto… El otro día le comentaba a Riki López que con él y con Pepín [Tre] podríamos hacer una fundación de estudios para buscar la gran elipsis de la canción, porque he llegado a la conclusión de que se puede hacer un espectáculo de canciones sin cantar nada, porque sólo a base de presentarlas podemos llegar a no cantar ninguna canción ninguno de los tres [risas].
Y ¿Dani [Flaco] y tú vais a salir vestidos de monjes?
Hombre, claro. Bueno, no, yo no, yo soy el narrador. Dani y no sé si Fernando Palacios se apuntará, pero, vamos, eso quería Dani. Yo, encantado. Dani es un gran tipo, desde luego, y además, graciosísimo.

Después de Galileo, ¿qué te planteas a medio plazo?
Me planteo tocar y ganarme la vida. Poder tocar con alguien, además, es un lujo, que me voy a permitir aquí. Tocar fuera de Madrid con alguien, no lo sé, pero para eso primero tengo que conseguir tocar fuera de Madrid a menudo. De momento, lo que tengo es Galileo y un par de conciertos más, pero ojalá tuviera una gira. No es fácil. Tocar mucho. ¿Dónde? No lo sé.

 

El turno del Krinki-Cuestionario

¿Cuál es el sitio más raro donde has compuesto una canción?
Más raro no, porque yo trabajo siempre encima de una mesa. Me acuerdo de La ronda, porque iba en el Metro al fisioterapeuta. Lo pasé muy mal, no sé si era algo del hombro… Se me fue ocurriendo y lo fui silbando. Y como yo sé muy bien que escribo las cosas o se me olvidan, la tuve que memorizar mientras el fisioterapeuta me hacía no sé qué [risas].

¿Qué es lo más gracioso que te ha pasado en un concierto?
Qué difícil esta pregunta. Es que me han pasado tantísimas cosas graciosas, he llorado de risa tantas veces en un concierto…
Una cualquiera de la que te acuerdes.
Es que es una actitud general en mi vida. Normalmente, yo me troncho de risa en los conciertos. No se me ocurre, tengo muy mala memoria. Te voy a decepcionar, pero no caigo.

¿Cuántas prendas de ropa interior te han tirado mientras actuabas?
Ninguna.

¿Qué música llevas en tus cascos/coche?
No escucho música y no tengo coche.

¿Qué te gustaría escuchar en el hilo musical del supermercado, mientras haces la compra?
Silencio.

¿A qué película te gustaría haberle puesto la banda sonora, que no lo hayas hecho ya?
A un montón. Pero no, en realidad, me gustaría ponerle banda sonora a La siguiente. Porque si piensas en las que te gustan mucho, lo normal es que también te guste mucho su banda sonora. Hay un caso en que me gusta mucho la película y detesto la banda sonora, pero no es lo habitual.

El logro profesional que más ilusión te ha hecho.
Yo creo que no he logrado nada todavía.
¡Hombre! Grabar un disco…
Es que me hace ilusión todo. Es distinto, el trabajo que más ilusión me ha hecho, es que el logro es como un reconocimiento… Yo lo interpreto como una cuestión valorada por los demás.
Y ¿por ti mismo?
Qué difícil también… Es que yo me lo paso bien y he hecho tantas cosas que me han divertido y que me han gustado… No lo sé, se me hace muy difícil. Me ha hecho mucha ilusión grabar el disco, pero, en realidad, como siempre me lo paso bien… todo.

¿Qué te dijo tu familia cuando les dijiste aquello de: «Mamá/Papá, quiero ser artista…»?
«Hijo mío…».

Manías antes de salir a tocar.
Ninguna. Hasta ahora. Ahora que soy cantante, igual me aparecen un montón. Espero que no me dé por nada, pero vamos…

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?
No estoy seguro, creo que fui con el colegio a ver un grupo de cámara, una orquesta de cuerda o algo así, y tocaron, entre otras cosas, La oración del torero, de Joaquín Turina. Creo que es el primero de todos, además esas cosas marcan una barbaridad, más de lo que uno cree.

Una canción para bailar.
¿Agarrado?
¿Cómo bailas tú?
Es que yo no bailo. Con su blanca palidez, de Procol Harum. Pero es una asociación inmediata. El primer rollo que tuve fue con esa canción.

Una canción para hacer el amor.
Por ejemplo. La misma.

Una canción para llorar.
Hay muchos artistas que lo ponen fácil. Es que no acabaría. Puedes empezar con Bertín Osborne [risas]…
No en ese sentido…
En el sentido más cruel, para llorar mucho [risas]. Es inagotable.
Pero ¿para llorar de emoción?
Para llorar de emoción, de desgarro y de condena [risas]. Pero, vamos, digo Bertín Osborne porque ahora sale mucho y porque encima va de crooner, pero no es que sea mi favorito para odiar. Lo malo es que ocupen parte de nuestro pensamiento, que sepamos que existen. Bueno, venga [risas], P. F. Sloan, de Larry Coryell, alguna de Billy Joel…

Si pudieras meterte en una máquina del tiempo, ¿a qué época te gustaría viajar?
Es que soy muy poco curioso. Me gusta viajar, pero no tengo inquietud y me pasa lo mismo con lo temporal. Supongo que viajar al pasado sería bastante triste, a no ser que fueran circunstancias muy concretas, como conocer un personaje o una situación. Y viajar al futuro sería también bastante triste [risas]. Es mejor estar con alguien que estar en un sitio o en un tiempo.

Cosas que nunca se le deberían decir a un músico.
Lo primero que me viene, como músico de cine: «Lo mejor de la película, la música». Porque lo que estás diciendo es: «La película no me ha gustado nada y como eres mi amigo, te digo que la música era lo mejor». Cuando, en realidad, es un trabajo en equipo. La alabanza por comparación en un conjunto es una alabanza mal enfocada. A mí no me halaga nada.

Tu rincón (confesable) favorito de Madrid.
Mi salón. Me gusta mucho Madrid, la verdad.

Lanza una pregunta a nuestro próximo entrevistado.
¿Y si me dices a mí primero la del otro?
No.
Es que no sé el nivel de complejidad… «¿Tú qué tomas?».
Jorge Marazu te pregunta si estás orgulloso de lo que has votado.
Sí. Dile que ya conoce a uno. Bueno, no me conoce.

¿Cuál es el último concierto en el que has estado?
Kamankola.

¿Qué te gustaría que te hubiéramos preguntado?
Es que habéis preguntado muy bien. Es más, puedo decir que me llena de placer cuando me encuentro a gente como tú, que se prepara las cosas y sabe con quién habla.

 

¿Me sigues?

Beli

Periodista melómana, blogger, ortogramaniática. Amante de los viajes, los conciertos y, sobre todo, los viajes con conciertos. Libra, zurda, Beatlemaniac y Ravenclaw. En ocasiones hago webs. Llevo la sonrisa puesta por defecto.
¿Me sigues?

2 thoughts on “López de Guereña: «Es mejor estar con alguien que estar en un sitio o en un tiempo»

  1. enhorabuena por la entrevista. Como dice el entrevistado, es difícil encontrar periodistas jóvenes que se curren una entrevista así y que pregunten cosas que den lugar a respuestas interesantes… Y con un señor tan categórico y con tantas paranoias en el coco, tiene aun más mérito. Muy interesante y amena la entrevista.

    1. Hola, Iván:

      Muchísimas gracias por los halagos. Aunque no lo creas, cada comentario de aprobación, no sólo por parte de los entrevistados, sino también y sobre todo de los lectores, que es en última instancia por quienes se elaboran estos contenidos, me da alas para continuar y ganas de seguir haciendo esto que tanto me apasiona. Gracias, de corazón.

      Un abrazo,
      Beli.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *