Jorge Marazu: «No podría hacer algo de un estilo concreto donde se me pueda vender»

Antes del precioso concierto que dio el pasado 18 de marzo en la sala Babel de Torrelodones (Madrid), nos sentamos con Jorge Marazu para hablar de su relación con la música, sus canciones y sus proyectos. Con una mirada expresiva y tierna, y una actitud muy cercana, nos hizo desplazarnos a las épocas y ambientes de cada cosa que nos contó. Seguro que, cuando la leas, te imaginas escuchando Escandinavia al calor de una hoguera.

Texto: Beli Jiménez / Fotografía: Raquel García

Entrevista a Jorge Marazu

Siempre has estado en contacto con la música, pero ¿siempre has querido ser músico?
Yo empecé a estudiar Música con 3 años porque mi padre es cantante de orquesta, entonces, mis padres me llevaban a unas clases en Ávila de una profesora que era genial. Eran clases de Música para niños y ella nos enseñaba a amar la música jugando con ella. A los 8 años, empecé a estudiar en la Escuela de Música de Medina del Campo, y a los 10 me fui a estudiar al Conservatorio de Ávila, que lo dejé con 14 años. Yo fui músico toda mi infancia. Por tanto, para mí la música, además de ser lo que más me gusta en la vida, la tengo asimilada como algo completamente natural. Tuve dos años tontos porque me iba muy bien con el fútbol, pero luego empecé a aprender a tocar la guitarra por mi cuenta. Yo me siento músico, sin saber tocar realmente ningún instrumento muy bien, siento que esto es parte de mí, que va mucho más allá de mi profesión.
Y, durante esos dos años, ¿no hiciste nada relacionado con la música?
No, porque además empecé a salir con una chica con la que estuve un montón de años y que ahora es mi amor platónico de pequeñito, entonces, fueron unos años un poco locos. Dejé el conservatorio y empecé a escuchar música de verdad. Aprendí a tocar porque quería escribir. Yo, en el instituto, a las melodías de las canciones de Fito [Cabrales] y de Sabina, les cambiaba las letras. Entonces, cuando ahora me piden una canción para un artista, me resulta como un juego porque es lo que yo hacía. Y cuando estoy haciendo eso, empiezo a pensar que me apetece escribir una canción. Pero cuando yo estudiaba música en el conservatorio, no tenía esa idea de dedicarme a la música. Con 14 años, tampoco era consciente de que se podía uno ganar la vida así. Yo hacía canciones para enseñárselas a mis padres y a mis amigos. Hasta que alguien me dijo que le gustaba y empecé a tomármelo un poco más en serio y a crecer.

«Se me daba tan bien cantar en la portería que me lo tomé en serio»

Tus canciones tienen herencia de muy diversos tipos musicales y a veces parecen de otra época, ¿cuáles son tus influencias?
En Escandinavia sí que creo que hay canciones que suenan a clásico por eso, porque son canciones que uno podría haber escuchado hace 40 años. Por ejemplo, las composiciones del siguiente disco tienen un poco de eso y un poco de otra cosa completamente distinto. Va a ser un disco muy diferente, si todo sale bien, mucho más arriba de tempo, con otra dinámica, más para exponerla a la gente. Y no como éste, que es más un ejercicio de interior, para uno mismo. Y en mis influencias musicales hay de todo, cosas que nadie se espera. Cuando empecé a escuchar música, lo hice con Celtas Cortos, pero, por ejemplo, siempre ha estado Alejandro Sanz ahí, Viviendo Deprisa fue el primer disco que yo le pedí a mis padres y yo tenía 4 o 5 años. Entonces, he ido creciendo escuchando miles de cosas. Cuando uno tiene 17 o 18 años, quiere ser rockero, entonces sólo escuchaba rock, pero era incapaz de hacer rock, no me salía; cuando me sentaba a escribir, me salían otras cosas más blanditas. Y a medida que uno va creciendo y se va quitando esos prejuicios, pues va habiendo de todo. Por ejemplo, en Escandinavia está Tim Christensen, que es un músico danés que me encanta; están Mary Poppins, Machín, Jamie Cullum, Justin Currie, de Del Amitri; están Damien Rice, Coldplay, Radiohead, Farina, Concha Piquer, Miguel de Molina, Gardel… Hay un jardín ahí importante [risas]. Sí, sí.

¿Tienes otras inquietudes más allá de la música? ¿Te has planteado alguna vez dedicarte a otra cosa, por ejempo, al fútbol?
Pues sí. Lo del fútbol estuvo muy cerca. Estuve medio año en el Atleti, estuve en una convocatoria con la Selección Española Sub-14 y, con 17 años, me convocaron para jugar con el primer equipo del Ávila en el Carlos Tartiere. Ése, además, fue el partido en el que dejé el fútbol porque ya era o una cosa o la otra, por tiempo, porque los fines de semana el fútbol lo ocupaba todo. Y sí que me lo planteé, lo que pasa es que creo que no habría llegado a mucho porque era portero y no tengo mucha altura. Yo siempre digo que se me daba tan bien cantar en la portería que me lo tomé en serio [risas]. Me lo planteé en algún momento, pero con el disco Desde que no nos vemos, de Enrique Urquijo, tuve una revelación. No recuerdo bien la época, pero sí que me ponía el disco a todas horas y sentía que ese tío estaba haciendo lo que yo necesitaba hacer en la vida. Y cuando eso te cala, estás condenado y no hay otra. Y también cuando veo que en el fútbol las metas se acortan y que no voy a tener muchas posibilidades. Uno está en la música con la esperanza de aspirar a todo, sin la necesidad de conseguirlo todo. Yo no necesito, ni muchísimo menos, ser una gran estrella para ser feliz. De hecho, creo que no sería muy feliz siendo una estrella, no tengo capacidad mental para ello, así que… ¿otro hobbie? La verdad es que no muchos: me gusta leer, ver películas, me gusta mucho el campo, no me gustan mucho los sitios donde hay mucha gente, no me gusta el jaleo… soy un poco abuelo para eso.
O sea, que a Madrid no te vendrías, ¿no?
No. De hecho, hasta hace dos años viví en Madrid una época, vine con 22 o 23 años. Y hasta hace dos años, mi idea era vivir en Madrid. No sé si en algún momento me tocará estar aquí por algún tiempo, pero para mí la tranquilidad del campo… Me he criado en un pueblo en el que ahora mismo hay 70 u 80 habitantes. Hasta los 12 años viví allí. Y, de alguna manera, siento mío el ambiente tranquilo, el campo, estar mucho tiempo solo… la soledad relativa, porque me gusta la soledad cuando, al levantar la mano, tengo a alguien. No me gusta viajar solo ni me gusta estar solo por el mundo.

Entrevista a Jorge Marazu

¿Cómo definirías tus canciones?
Para mí, mis canciones son arrebatos de emoción. El disco Escandinavia empieza diciendo: Éste soy yo, preso de un impulso irracional. Y creo que eso son las canciones. Yo no tengo una técnica para escribir canciones porque no sé mucho de música tampoco, aunque no sea algo de lo que me guste presumir. Mis canciones son impulsos, me gusta mucho jugar con las emociones. He tenido inconvenientes en la industria porque no me defino. No soy un rockero, ni un cantautor, ni un crooner, ni nada que se pueda encasillar, pero es que yo no entiendo la música de otra manera. Yo necesito emocionarme para hacer esto y no podría hacer algo de un estilo concreto para posicionarme en un lugar donde se me pueda vender, que es como funciona la industria. Si tengo que estar en uno de esos mercados, sería en el de cantautor porque toco con mi guitarra, pero tampoco me siento especialmente cerca de eso porque pienso todo el rato en arreglos y en banda. Me gusta mucho el trabajo con banda. Toco solo porque no tengo otra manera de hacerlo. Yo me siento un poco fuera de todo y dentro de todo a la vez, porque hay amigos músicos con los que comparto muchas cosas y hay muchísimos cantautores a los que admiro, musicalmente y personalmente, como, por ejemplo, a los que estuvieron haciendo el otro día el homenaje a Lewin, que me pareció algo precioso, un gesto emocionante. No pude estar y todo el mundo habla maravillas de ello. Y por eso no me gusta mucho decir que no soy cantautor, porque parece que me siento fuera de todo eso… y no, la verdad es que me siento parte de eso, pero también me siento dentro de otras cosas. Yo siempre digo que soy cantante y compositor, pero sí, uno es cantautor. Lo que sí que me gusta recalcar es que ser un cantautor no es hacer canción de autor. Y yo sí que creo que no hago canción de autor. No sé muy bien tampoco qué es canción de autor, pero creo que yo no lo hago. Lo que creo que tiene de negativa la connotación en España, no negativa porque sea un género que no me guste, que lo consumo, lo he consumido y lo seguiré consumiendo, pero sí creo que aquí asociamos el cantautor a la canción de autor y creo que la canción de autor es algo que no es lo que hacen todos los cantautores.
Vale, pues ya que has entrado tú solito en un jardín que empezamos con Txetxu Altube y seguimos con Pancho Varona (y no nos quedó nada claro), ¿qué es un cantautor?
Un cantautor no deja de ser un tío que hace canciones y las canta, pero es eso… Leonard Cohen no hace canción de autor, ¿no? O Depedro no hace canción de autor, o Robe Iniesta ahora no hace canción de autor, pero es un cantautor, o Fito Cabrales, o Quique González, ¿no? Es gente que hace canciones y las canta, pero no hacen canción de autor, que es un genero hermoso y que, de hecho, habrá canciones mías que lo sean, pero no creo que sea el género que me defina, realmente.

¿Cómo nacen tus canciones? ¿En qué te inspiras?
Hay cien mil cosas. La inspiración es un estado de ánimo para mí. Yo no sé muy bien lo que es para los demás porque son cosas absolutamente relativas. Para mí hacer una canción es como el pan nuestro de cada día, todos los días intento hacer algo. Hay días que nace de un arpegio que tienes o de un par de acordes que has juntado y que suenan bien y se te ocurre una melodía; otros días de una idea, de una palabra, de un momento; a veces, escribes intentando hacerlo sobre algo; otras, escribes sin saber muy bien por dónde van los tiros y hasta que no la terminas, no te das cuenta realmente de lo que querías decir… No sé, yo soy bastante caótico para todo eso. Soy muy caótico, pero muy constante, que creo que es lo que hace que mi trabajo dé frutos, a nivel de composición; que no tengo un método ni sé mucho de armonía, pero trabajo mogollón en ello y cuando no sale, si no estoy motivado para hacer una canción, me pongo a escuchar música o a leer, a ver si me motivo. Siempre estoy buscándome las cosquillas e intentándolo porque creo que si la inspiración existe, te tiene que pillar currando.
Y si compones todos los días, ¿cómo de grande es tu archivo de canciones?
Pues, mira, hace como dos o tres semanas, por primera vez, recopilé todas las canciones hasta los 21-22 años y tengo como 250 o 300 canciones. Lo que pasa es que cuando empecé a hacer canciones, todas las terminaba en el momento. Ahora sólo termino una canción si creo que está creciendo de la manera que yo considero que tiene que crecer. Si no, no la sigo. Tengo muchas ideas y antes hacía una canción todos los días, pero, obviamente, no son canciones con peso.

Entrevista a Jorge Marazu

¿Cuál es tu mayor sueño?
Mi sueño real sería tener el dinero suficiente para poder hacer los discos que me apetezca en el momento que me apetezca. Ése sería el único motivo por el que realmente me gustaría llegar a algo en la música, porque ahora mismo grabaría, si pudiera, tres discos en los próximos dos meses, porque los tengo en la cabeza. No sólo míos, sino tributos y experimentos, como he hecho siempre. Mi sueño, realmente, es ése: llegar a tener dinero para, cuando tenga una idea y me apetezca crear, poder meterme con mi gente en el estudio y trabajar en ello. Y llegar a ese punto musical sería lo ideal, y poder mantenerlo ahí con el tiempo, y poder escribir para quien me gusta. Que ahora tengo la suerte de haber escrito y estar escribiendo para gente a la que admiro, pero eso sería lo ideal: poder elegir para quién escribo. Es un trabajo que también me gusta y que es como salir un poco de mi proyecto y escribir cosas que a lo mejor no cantaría, pero otros sí.

¿Cómo es un concierto de Jorge Marazu? ¿Qué vamos a ver en esta gira de Escandinavia?
Pues son conciertos muy íntimos y muy viscerales. Tengo una lista de canciones que intento mantener y también me dejo llevar bastante por lo que necesito en el momento, por si la gente pide algo o si esa semana he estado escuchando una canción de alguien o me vuela la cabeza algo. Ahora, por ejemplo, que nos vamos a México, estoy pensando en hacer algo que tenga que ver con eso, pero que me pegue a mí…
Algo de Chavela…
Algo de Chavela, de José Alfredo o de Bunbury… Me gusta mucho, también, Zoé. Pues sí, los conciertos son íntimos porque el disco es así y creo que también, de alguna manera, eso me ha hecho evolucionar a lo que está pasando para el siguiente disco, a la manera de enfocar las canciones del siguiente disco, que es cómo complementar los directos. De una manera voluntaria, pero casi inconsciente, aunque suene contradictorio, estoy haciendo canciones para complementar el repertorio que hay, para que crezca y no se quede tan íntimo, porque a mí también me gusta que haya energía. Entonces, es eso: conciertos pequeñitos, íntimos, viscerales y, a veces, hasta nos reímos un poco.

Ya has contestado un poco, pero ¿qué prefieres: cantar tus propias canciones o componer para otros?
Sin lugar a dudas, cantar mis canciones. No estaría en esto si no pudiera cantar mis canciones. Yo necesito mostrar mis canciones y, además, aunque mi vida haya cambiado en los últimos años, siempre me he considerado más cantante que compositor, la verdad. Lo que he hecho toda mi vida, desde que tengo 3 o 4 años, es cantar, incluso me subía con mi padre a cantar No te vayas de Navarra con 5 o 6 años. Siempre me he sentido más cantante, lo que pasa es que llevo muchos años escribiendo y es una cosa que me apasiona y me encanta, pero escribir canciones para otros es, para mí, un complemento y una manera de ganarme la vida. Realmente, yo estoy en esto por estar en un escenario, por interactuar con la gente, compartir… por sentirme artista, que es lo que más me gusta.

«Componer con otros es muy bonito, pero no se puede hacer con todo el mundo»

¿Cómo definirías Escandinavia?
Es un disco como lo muestra el diseño: para escucharlo en una cabaña de madera con el fogón de leña ahí mientras nieva. Eso es Escandinavia y es lo que pretendía que fuera. Y cuando decidimos grabarlo, yo tenía clarísimo que era un disco que comercialmente no me iba a aportar absolutamente nada, que era casi un capricho personal. Yo sabía que haciendo este disco no iba a crecer en ese sentido comercial, pero sí iba a crecer en cuanto a mí como artista. Quería hacer un disco cuya primera premisa fuera que dentro de 20 años no me arrepintiera de haberlo grabado y es lo que he hecho. Y con el siguiente voy a hacer lo mismo, con otros colores y con otras dinámicas, pero con la misma filosofía: hacer un disco que se quede ahí, que pueda formar parte de la vida de alguien y que no censure a nadie, que lo pueda escuchar una persona de 16 años y una de 80. Es un disco para gente que tenga una sensibilidad especial, creo.
Hiroshima, Escandinavia… ¿Hay algún otro lugar del mundo que te evoque un concepto?
Fíjate, da la casualidad de que estos días estaba pensando en el próximo disco, que es probable que se llame Barrio de Santa Cruz. Y me rayé por eso, porque es una ubicación. Hay otra canción para el nuevo disco que se llama El muro de Berlín [risas] y también hablo mucho de mis raíces, de mis campos de Castilla, también con mucha influencia de la obra de Machado. Por ahí van los tiros.

Haces bien la compusiste a medias con César Pop. ¿Cómo fue el proceso?
Fuimos a un concierto de Rebeca [Jiménez], creo recordar que fue en Clamores, y yo esa noche me quedé a dormir en casa de César. Llegamos con nuestro correspondiente «pedillo» a su casa, a las 3 o 4 de la mañana, y le dije que tenía una canción que me gustaba mucho y que igual molaría que la termináramos juntos, y le canté el principio. Le gustó tanto a César que no pudimos no hacerla y nos pasamos toda la noche currando. Cuando ya no podíamos más, nos fuimos a la cama y, a las dos horas, ya estaba César levantándose con una idea. Fue un proceso tan bonito… Luego, cuando volví a Ávila, cambiamos alguna cosa y en esos días posteriores, pensamos que era una buena idea aprovechar la inercia de la emoción de la composición y grabarla en directo. Y como yo había tocado hacía poco en un auditorio en Ávila con un piano de cola, pensé en pedir que nos dejaran el auditorio una mañana para grabarla allí. Y así lo hicimos, se vino César una mañana y la grabamos.
También has compuesto a medias dos canciones con Txetxu Altube, que están en su disco Cuestión de intensidad. ¿Cómo es componer con otros, más fácil o más difícil?
Bueno, es muy diferente. Por ejemplo, con Txetxu escribimos a la par y con César, algunas veces, hemos trabajado por teléfono. Con Txetxu, teníamos ambos mucho miedo porque él nunca había compuesto con nadie. Nos seleccionaron en un taller de la Fundación Autor y teníamos que escribir dos canciones en una semana. Fue muy curioso porque al segundo día ya teníamos hechas las dos canciones. Aprovechamos el resto del día para hacer lo que nos dio la gana [risas]. Es muy bonito, lo que pasa es que no se puede hacer con todo el mundo porque hay que comprar; tú le tienes que comprar al otro, el otro te tiene que comprar a ti, hay que ceder, hay cosas que a lo mejor no te gustan y que tienes que permitirlas y viceversa, entonces tiene que ser gente con la que tengas mucho feeling. Y en el caso de Txetxu, la verdad es que fue todo súper fluido. Creo que acabaremos haciendo unas cuantas más.

Entrevista a Jorge Marazu

Sueña en voz alta: ¿quién te gustaría que cantara una de tus composiciones?
Pues es que no lo puedo decir porque lo he conseguido. Hace unos días me llamó una de las personas para las que era un sueño escribir. Me llamó personalmente, me hablaba de sus proyectos… y es que yo ya lo había escuchado todo. Es muy bonito porque además me gustó mucho que me llamara directamente. Cuando he trabajado con otros artistas, ha sido todo siempre a través de intermediarios, aunque en el caso de Sergio [Dalma], había últimamente más cercanía, pero era casi siempre a través de intermediario. Y me gusta mucho lo que ha hecho esta persona en cuestión, que es como se hacía antiguamente: había un trabajo conjunto del cantante y el autor para intentar llegar a un sitio que los dos estuvieran a gusto, que creo que es fundamental. Así que no te voy a decir con quién me gustaría porque ya está.
Y ¿alguien que no sea esa persona?
El Cigala. Me gustaría mucho escribir para él. No me importaría tampoco escribir un tema para Julio Iglesias, la verdad. Para Poveda… No sé, luego creo que nunca lo haría, porque me daría tanto vértigo, me costaría tanto convencerme de que algo es bueno para enviárselo…
Pero, como decías antes, para ti es como un juego, ¿no?
Sí, pero cuando tienes que hacer algo para alguien que para ti es tan importante, nunca piensas que estás a la altura.

¿Qué canción te habría gustado componer?
Ahora mismo, me habría encantado componer La señal, de Coque Malla, que me parece una canción preciosa. La casa de mis padres, de Quique González, también. Bueno, casi todas las canciones del disco nuevo de Quique. También me habría gustado mucho escribir Moon river, muchas coplas, muchas canciones del repertorio de Nino Bravo, que me parecen preciosas… yo qué sé, muchas composiciones de Calderón, de Algueró, de Gardel… Hay muchas que me habría gustado componer.

Cuéntanos un poco del proyecto Ilusionadas.
Es un documental. Me llamó un grupo de Ávila de gente magnífica, que se habían metido en hacer tres documentales pedagógicos. El primero era sobre la historia de César Jiménez, un futbolista al que Figo le rompió la rodilla en un partido y tuvo que dejar el fútbol. El segundo documental era éste, Ilusionadas, sobre el esfuerzo, la superación y la dificultad de las chicas en el deporte. Y me llamó Chechu del Caso, que es un director y un actor de Ávila con el que había hablado unas cuantas veces de hacer cosas juntos. Me llamaron con muy poco margen de tiempo, entonces tuve que hacer toda la banda sonora como en 24 horas. Yo nunca lo había hecho, era muy complicado, pero una experiencia brutal, compartirlo con las chicas, luego ver todo el proceso… que es una de mis ilusiones, escribir para cine; entonces, también era una manera de ver cómo funciona todo. Y no sé si el año que viene podré estar también en el tercer documental, si ellos lo creen oportuno y si yo tengo tiempo. La verdad es que sería algo muy bonito.

¿Qué planes tienes a corto-medio plazo? ¿Cuándo tienes pensado sacar el nuevo disco?
A corto plazo, haremod un concierto grande el 23 de junio en el Nuevo Café Berlín, que va a ser un concierto con banda, violines, etc. Y, antes de eso, todo lo de México, que es uno de mis sueños también. Creo que mi música allí se va a entender de una manera diferente a como se entiende aquí, por circunstancias, actitudes, pasiones e influencias. Y en septiembre continuaré haciendo cosas, la verdad es que tengo muchísimas ideas. En cuanto al nuevo disco, me gustaría grabar después de verano y publicarlo el año que viene, pero los plazos van cambiando y depende de los proyectos que tenga. Aún no tengo fecha para el nuevo disco.

Hemos terminado la parte personalizada y ahora va el cuestionario…
Estas cosas me dan un miedo…
Todos decís lo mismo, pero luego no es para tanto.
O contestas una cosa que no tendrías que haber contestado [risas].

Entrevista a Jorge Marazu

¿Cuál es el sitio más raro donde has compuesto una canción?
En el Mar del Norte, al norte de Dinamarca, mirando hacia Noruega, con un frío y un viento brutal. Es como una segunda parte de Escandinavia, como estas canciones que te digo que me apetece grabar independientes al disco. Y al lado de un barco al que yo llamaba Karabudjan, como el de Tintín, y rodeado de cuervos. Estuve unos días con una familia y, en esa casa, había un piano del siglo XIX. Estuve escribiendo un poco y cuando tuve la melodía, volví al mar a terminarla. No es un sitio raro, pero para mí, que soy de Ávila y estoy muy lejos del mar, escribir allí fue bastante bucólico.

¿Qué es lo más gracioso que te ha pasado en un concierto?
En Valladolid, una vez se me subió un borracho al escenario y mientras yo estaba cantando una de las últimas canciones, el tío agarró el micro y se puso a decir cosas bonitas de mí, pero en un momento muy inoportuno, porque yo no había dormido y estaba destrozado.

¿Cuántas prendas de ropa interior te han tirado mientras actuabas?
Me tiraron bastantes sujetadores y braga-fajas en mis primeros conciertos en Ávila. Yo en aquella época trabajaba repartiendo pizzas y mis compañeras de curro se fueron a un chino a comprar braga-fajas y sujetadores, los firmaron y me los tiraron. Nunca más me pasó y no creo que me pase, moriría de vergüenza.

¿Qué música llevas en tus cascos o en el coche?
Últimamente estoy escuchando mucho a Manolo García y mucha música clásica. Pero es lo que te decía antes con las influencias, puede caer de todo. Desde principios de año, he escuchado mucho a Vinicio Caposella, Zoé, que también me gusta mucho ese rollo de pedalitos en las guitarras, que se acerca mucho al nuevo disco. Hay de todo. El disco de Coque, el disco de Quique, Txetxu, César… y un millón de cosas por ahí.

«Mi satisfacción más grande es hacer feliz a la gente que me quiere y que quiero»

¿Qué te gustaría escuchar en el hilo musical del supermercado, mientras haces la compra?
Pues la verdad es que yo he escuchado canciones mías [risas]. Muchas veces. Recuerdo crónico, cuando la cantaba Dalma, estaba en los hilos musicales de mogollón de supermercados. He tenido la suerte de escuchar bastantes veces mis canciones, pero la verdad es que me da un poco igual la música que pongan en el supermercado. Nunca lo he pensado, la verdad. Volvemos a lo de siempre: me puedo poner a los Rolling Stones y, a los diez minutos, a Gardel. En este momento, te diría Manolo García porque lo veníamos escuchando en el coche.

¿A qué película te gustaría haberle puesto la banda sonora?
Hay miles. Yo soy muy fan de El viaje a ninguna parte, de Fernán Gómez, me gusta muchísimo. Pero hay cientos de pelis. Me gusta mucho la banda sonora de Sherlock, la peli. Bueno, Desayuno con diamantes (Moon river)… Hay miles de pelis. Me gustan, además, muchos tipos de cine, como con la música. Hace unos meses, por ejemplo, vi El apartamento, de Billy Wilder, y me voló la cabeza por completo.

El logro profesional que más ilusión te ha hecho.
Pues mira, lo de Sergio [Dalma] me hizo mucha ilusión, porque mi madre era fan de toda la vida y, al final, que tu hijo se quiera dedicar a la música, viviendo en Ávila, es un miedo constante, que no quiera estudiar una carrera… Mi satisfacción más grande es hacer feliz a la gente que me quiere y que quiero, mucho más allá de lo que me haya pasado a mí. México es una satisfacción muy grande, poder publicar discos, compartir todo esto con los músicos con los que tengo la suerte de tocar, que son mis ídolos… Ésas son las satisfacciones que me da la música. Y la gente que he conocido, gente a la que he podido acceder, ídolos como Goñi o como Quique, poder compartir una charla con ellos… pero la de mi madre es la principal.

Entrevista a Jorge Marazu

¿Qué te dijo tu familia cuando les dijiste aquello de: «Mamá/Papá, quiero ser artista…»?
Pues la verdad es que no lo tuve que decir porque, ya te digo, mi padre es cantante de orquesta y, de alguna manera, la música siempre ha sido algo que formaba parte de mí. Creo que fueron más ellos que yo los que pensaron en un momento dado que me dedicara a ello, cuando les enseñé las primeras canciones. Mi madre lo ha pasado peor en algunos momentos, no ha intentado quitarme la ilusión ni muchísimo menos, pero sí que ha intentado decirme, como mucha gente que me quiere, que me buscara otra cosa por si acaso fallara. Mi padre es el único que ha confiado siempre en mí y el que me agarra de las orejas cuando le digo: «Creo que no puedo más», cuando se me pone oscuro y veo que esto es muy difícil, que en mi país no se puede crecer musicalmente haciendo lo que yo entiendo que tengo que hacer. Simplemente, he tenido épocas en que era difícil convencerme a mí, como para convencer a mi madre o, mejor dicho, tranquilizarla. Pero me siento muy afortunado. Hace un año y medio me dieron un premio en Ávila, un Sapere Aude a las artes, y les dediqué a ellos el premio por ese motivo. Tengo muchos amigos y conozco a mucha gente a la que sus padres le han obligado a tirar por algún sitio en su vida. Yo he tenido la suerte de que nunca me han obligado a nada. Eso es digno de agradecer.

Manías antes de salir a tocar.
Pues depende del momento. Tengo épocas en las que no puedo salir sin lavarme los dientes [risas]. Son estupideces. No puedo beber cerveza porque pienso que el gas no me va a venir bien, pero luego me tomo una copa con gas [risas]. Son tonterías, no tengo muchas manías.

¿A quién te gustaría que hiciésemos esta entrevista? ¿A quién nominas?
Me gustaría que se la hicierais a Toni Brunet porque, además, desde que no tiene Facebook, tiene muy poco eco público [risas]. Para mí, es uno de los genios en la sombra.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?
Creo que fue la Orquesta Mondragón, con Gurruchaga. Además, fue muy curioso, porque mi madre era muy fan de carpeta de Tony Carmona, el guitarrista. Y cuando presentamos el primer disco en Madrid, vino al concierto. Estaba en el camerino saludándome el tipo y entró mi madre y, claro,… [risas].

Una canción para bailar.
Las avispas, de Juan Luis Guerra.

 

Una canción para hacer el amor.
Cualquiera de Escandinavia [risas]. Es el disco perfecto para hacer el amor.

 

Una canción para llorar.
Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna.

 

Si pudieras meterte en una máquina del tiempo, ¿a qué época te gustaría viajar?
En este momento, me iría a finales del siglo XIX, al Londres de Jack el Destripador. Me gusta mucho esa estética, ese rollo Dickens de la niebla de Londres… Me gusta también toda la Historia de España de aquellos años, cuando asesinaron a Prim y todo eso. Y también me gustan mucho los inicios del siglo XX en París, la época de Picasso, Dalí… que estaban allí en Montmartre. Ésas son las dos épocas. La primera por una ilusión cinematográfica y literaria, y la segunda porque soy muy fan de la bohemia. Hay una canción de Aznavour que se llama La bohème que refleja un poco toda aquella historia, y a mí me vuelve loco. Es la canción que sonaba cuando terminábamos todos los conciertos de esta gira.

Cosas que nunca se le deberían decir a un músico.
«Créetelo más». Cada uno sabe perfectamente lo que hace. Yo sé perfectamente lo que hago, hasta dónde doy de sí, cuánto emociono y cuánto no emociono, pero también sé mis carencias. Y cuando alguien me dice eso, no es que no me lo crea, es que soy consciente de mis carencias y de mis virtudes y, sobre todo, de cuánto puedo dar, así que cuando creo que algo no está a la altura es porque considero que puedo hacerlo mejor. A ver, no es que me incomode, pero a veces es casi mejor que me digan que tengo razón.

Tu rincón (confesable) favorito de Madrid.
Libertad 8 es mi casita en Madrid. Yo ahí me siento como en casa y cuando no tengo a dónde ir en Madrid, me gusta mucho estar allí.
Y ¿antes de las 6 de la tarde?
La verdad es que no he estado mucho en Madrid antes de las 6 de la tarde [risas].

Lanza una pregunta a nuestro próximo entrevistado.
«¿Está orgulloso de lo que ha votado?». Nadie está de acuerdo con lo que ha votado, creo yo.
Pancho Varona te pregunta si harías un concierto de modalidad pay after show.
Ya lo he hecho. Si pudiese permitírmelo, no lo debería hacer. Irte a 500km de tu casa y arriesgarte a volver con 20€ es una movida. No tengo mucha fe en estas cosas, aunque he de reconocer que las dos veces que lo he hecho me ha salido bien, pero si pudiera evitarlo, lo evitaría.

¿Cuál es el último concierto en el que has estado?
Pues… uno mío en Donosti [risas].

¿Qué te gustaría que te hubiéramos preguntado?
«¿Lo haces todo solo o hay alguien que no te deja caer nunca?»
Y la respuesta sería…
David Pollo.

Entrevista a Jorge Marazu

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Beli

Periodista melómana, blogger, ortogramaniática. Amante de los viajes, los conciertos y, sobre todo, los viajes con conciertos. Libra, zurda, Beatlemaniac y Ravenclaw. En ocasiones hago webs. Llevo la sonrisa puesta por defecto.
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