Ariel Rot: «En España la gente es más fan de las canciones que de los artistas»

La oscuridad reinante a las 18:30h evidencia un mes de noviembre que ha entrado fuerte en Madrid, trayéndole consigo un frío intenso. Por la Corredera Baja de San Pablo, aparece caminando una figura menuda y sonriente cuya liviandad no hace justicia a todos los años de experiencia, éxito y aprendizaje que lleva indudablemente a la espalda. Su mirada, amable y cercana, sí deja adivinar, con mayor certeza y exactitud, un halo de toda esa sabiduría presupuesta y más tarde comprobada. Saludamos, todo lo calurosamente que la temperatura nos permite, a Ariel Rot y entramos en Leturiaga, donde tendrá lugar una interesante, larga e intensa entrevista, de la que tendríamos mucho que extraer e incorporar, mucho que aprender.

Texto: Beli Jiménez / Imágenes: Raquel García

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Tú que llevas tantos años en la música, ¿qué crees que es lo que más ha cambiado en estas décadas y qué sigue igual?
Ha cambiado mucho, pero tal vez estamos volviendo a los comienzos, en cierto modo. Yo creo que la industria musical empezó cuando a un músico le dieron un plato caliente por tocar una canción. Ésos fueron nuestros comienzos. Y cada vez nos estamos acercando un poco más a eso: al trueque. Eso dentro un poco de lo que es la industria. Y a nivel más artístico, yo diría que estamos en un momento en que probablemente el mundo se pierda conocer a muchísimos talentos, gente interesante, por la manera de funcionar de los medios de comunicación. El otro día leí que decía Ray Davis que si los Kinks hubiesen salido ahora, probablemente nadie los habría conocido porque no cumplían con los clichés que hoy en día son o radiables o televisivos.

¿Qué te parece el panorama musical actual? ¿Escuchas a algún músico de ahora?
Estoy en un momento un poco ermitaño musicalmente. Escucho poco rock actual, sinceramente. Las
cosas que más me interesan que se hacen hoy en día no son rock. Te podría decir Daniel Melingo, que viene del rock, pero hace tango, un tango muy particular. Vinicio Capossela… Y un australiano que me tiene muy fascinado que se llama C. W. Stoneking, que hace como música de entreguerras, digamos, la música de los años 20 a los años 40; viene del blues y es un guitarrista y un cantante excepcional.

¿Ha afectado la crisis a tu carrera?
La crisis, por supuesto, nos afecta a todos, pero, al margen de la crisis, mi carrera, igualmente, nunca iba a volver a tener los picos de popularidad que tuvo en su momento. A eso se le puede sumar la crisis también, pero yo ya tuve la suerte de estar en dos bandas que fueron muy populares y creo que con eso ya tengo suficiente. Tal vez, si no fuese por la crisis, podría tener más actuaciones y una banda que esté más engrasada y que estemos tocando más. Entonces, tuve que optar por este formato ‘solo’ que tengo, lo cual, en el fondo, me hizo mucho bien y aprender muchísimo: aprender a acompañarme, a solear y a armonizar al mismo tiempo; a hacer todo un trabajo musical que, probablemente, de la otra manera, al estar en una situación confortable, pues no habría tenido que hacerlo. Creo que, en ese sentido, las crisis tienen siempre un lado interesante.

La fama va y viene y has pasado por todas las fases de ese ciclo, ¿en qué fase estás más cómodo?
Bueno, hubo una sola época en mi vida en la que no podía salir a la calle, que fue la época de Tequila. En el resto del tiempo, con Los Rodríguez y ahora, la gente a lo mejor me reconoce, pero sin ningún tipo de estridencia; con mucho respeto y con mucha tranquilidad. Salvo en ese momento tan puntual, por el tema de las fans y toda la locura que de repente se desbocó, siempre he podido salir a hacer la compra por mi barrio y que, en todo caso, me saluden. Y lo llevo de una manera muy cómoda. Digamos que, en cierto modo, disfruto de algunas ventajas de tener un nombre conocido, pero no padezco esa sensación de tener que aislarme del mundo. Yo no podría vivir así, sin poder salir con mis hijos a pasear. No me lo imagino.

O sea, que ahora estarías en el momento más cómodo, ¿no?
Sí. Me gustaría, tal vez, tener un volumen de trabajo que me permitiera poder tocar con un equipo, no solamente con una banda, sino con técnicos de luces, de sonido… Y poder elegir yo cuándo quiero tocar solo y cuándo quiero tocar con banda y no que sean las circunstancias las que lo decidan.

¿Cuál es la etapa del ciclo de vida de una canción que disfrutas más, desde que empiezas a componerla hasta que la enseñas al público?
No sé, hay momentos muy complicados. Hay momentos en que las canciones no salen y entonces uno pierde las ganas y, realmente, para luego retomar el pulso y el músculo creativo hace falta muchísimo esfuerzo. Yo funciono de esa manera. Hay gente que nunca para de componer. Yo, después de grabar un disco, necesito que pase mucho tiempo para volver a nutrirme y tener algo que decir. Ése, probablemente, sea el momento más difícil. Y el momento fantástico es cuando estás leyendo una letra tuya y dices: «es graciosa», «es divertida», te ríes tú mismo o, yo qué sé, «es ingeniosa»… Cuando empieza a provocar en ti una sensación como escuchándola desde afuera.

«La Huesuda es un disco con nombre de muerte que habla sobre la vida»

Y si alguna vez te has quedado atascado en alguna letra, ¿la dejas o te empeñas en seguir hasta que la terminas?
Es que uno, en realidad, para escribir tiene que tener ganas de escribir. Si uno tiene ganas de terminar una canción, la va a terminar, una vez que ya hay una idea que tiene chispa, que tiene sentido. «Es que no puedo escribir», pero ¿cómo quién? Uno siempre puede escribir, ahora, claro, depende: si quieres escribir como Bob Dylan, probablemente todo termine en la basura. Yo procuro empezar con objetivos muy pequeños, ¿sabes? Procuro, después de un tiempo de inactividad creativa, no ser demasiado pretencioso, sino empezar por las canciones más sencillas, las ideas más sencillas. Es una manera de poner la máquina en funcionamiento.

¿Te piensas mucho los títulos de las canciones y de los discos? Porque un título es una carta de presentación, de alguna manera.
No, los títulos de las canciones muchas veces es casi lo primero que tienes. Y si no, siempre es muy sencillo y tampoco es algo tan trascendente: la propia canción le pone el título. Pero sí que con el título de los discos… Bueno, en el caso de La Huesuda lo tuve claro desde el principio, pero sí que hay veces que tardé mucho en decidirme por algún título de un disco. Buscas entre los títulos de las canciones; generalmente, yo utilizo o frases o títulos de canciones. No hago discos conceptuales, entonces es un poco raro que le ponga un nombre que no esté en ningún texto del disco.

Pero, de alguna manera, La Huesuda es conceptual, porque si bien es el título de una canción, aborda toda la temática del disco, ¿no?
Bueno, no estoy tan seguro. Yo creo que es un disco con nombre de muerte que habla sobre la vida. Entonces, me parece que hablando de la vida vale todo, ¿no? Y sí, tal vez tiene ciertas características que luego te subrayan los periodistas, pero que tú realmente, cuando lo estás haciendo, ni siquiera lo estás viendo.

¿Con quién has disfrutado más haciendo un dueto?
Me lo pasé muy bien grabando Dos de corazones con Lichis, porque él se trajo el contrabajo y montamos todo ahí tocando juntos; digamos que se involucró en la canción desde el minuto cero. En otros casos, disfruté mucho escuchando y viendo cantar a Enrique Bunbury, pero él llegó cuando ya estaba todo armado. La grabación con Miguel Ríos la disfruté mucho porque fue la primera vez que toqué con una big band en directo y eso fue una experiencia muy distinta y muy poderosa.

Y ¿hay alguien con quién no lo hayas hecho y te gustaría?
¡Es infinito! Ponme reglas…

Vivo. Rock en español.
Pues me gustaría grabar con Santiago Auserón, por ejemplo. Me gustaría grabar con Raimundo Amador.

Estamos en la época de las canciones sueltas, como si hubiéramos vuelto a los singles, donde una persona no se compra un disco, sino sólo las canciones que le interesan. ¿Esto te ha afectado a la hora de establecer el orden de las canciones dentro del disco? Porque ahora ya no se escuchan en orden.
Es cierto. Siempre procuras echar mucha carne en el asador en el arranque del disco. La gente es muy impaciente hoy en día, pero yo sigo armando los discos a la antigua: sigo pensando en la cara A, la cara B, dos principios, dos finales… es una manera de organizarlo. Pero sí, evidentemente, con la inmediatez que tiene todo, procuras que el principio sea impactante. De todas formas, al margen de que los singles se vendían por separado y ahora las canciones también se puedan comprar por separado, en España siempre la gente es más fan de las canciones que de los artistas. Y si en tu último disco no hay una canción que los enamore, pues es probable que no te sigan prestando mucha atención.

Has sido catalogado muchas veces como uno de los mejores guitarristas del rock en español. Detrás de una buena técnica, ¿cuánto hay de talento y cuánto de trabajo?
Para tener una buena técnica, evidentemente, hay que trabajar, pero no me gustan los guitarristas con mucha técnica a mí. Mis guitarristas favoritos son bastante sucios tocando. No me gustan los guitarristas limpios. Sí me gustan los guitarristas que investigan, que buscan notas, que son inquietos en ese sentido. Pero lo que es la técnica, el virtuosismo técnico, no me interesa en absoluto. Tal vez en el ballet clásico es importante, pero me parece que de un guitarrista lo más importante es que tenga cosas que decir.

Desde tu punto de vista, ¿cuáles serían los mejores guitarristas españoles del rock?
Para mí, el mejor guitarrista del rock español era Guille Martín.

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En cuanto al directo, ¿cómo estás más cómodo: solo o con banda?
Depende. Para estar cómodo con una banda, tienes que estar tocando, tienes que estar rodando. Si no, el esfuerzo es grande porque siempre hay una lucha de poderes en la banda. El batería, a lo mejor, no está tocando al tempo en el que tú te sientes cómodo… Nosotros, por suerte, ya llevamos muchos años tocando juntos, con esta banda; por lo menos, con Toni Jurado y con Osvi (Grecco). Sobre todo con Toni, que, realmente, cuando tocas en eléctrico, el que manda, prácticamente, es el batería, ¿no? Mandamos él y yo, básicamente. Y nos tenemos que poner de acuerdo arriba del escenario. Entonces, bueno, cuando una banda está rodada, ya todo eso no pasa. Cuando estás haciendo diez shows al año… Solo tienes más tiempo de ensayar. En este momento, yo siento que mi show solo está más engrasado que mi show de banda.

¿Hay alguna canción que disfrutes especialmente tocándola en directo?
No en particular. Disfruto mucho de toda la parte del piano, me lo paso muy bien. Es un momento distinto. Y aparte, el piano es el instrumento definitivo para tocar solo. Es el instrumento que más puede abarcar. Tal vez, por eso, hago un show tan combinado. Lo divido en tres partes y eso hace que en ningún momento me aburra, y yo creo que hace que el show no sea árido. Es muy bonito tocar esa parte acústica, donde de repente pasan otras cosas, pero, claro, una hora y media con una guitarra acústica se me haría muy aburrida.

Y ¿hay alguna a la que le tengas manía?
No, si le tengo manía, la quito. No me ha pasado mucho, pero cuando una canción no la disfruto, la quito del repertorio. Es cierto que uno siempre se guarda una bala en la cartuchera para determinado tipo de conciertos. Cuando son conciertos más masivos, donde compartes cartel con un montón de gente y sabes que no es el lugar indicado para hacer tu show solamente de las canciones que conocen tus fans, pues siempre hay que recurrir a algún tema que sabes que conoce todo el mundo. No es que les tenga manía, pero, por ejemplo, Mucho mejor en versión rock no es uno de mis temas favoritos, pero se convierte en favorito por la reacción del público. Sin embargo, en mis shows solo, toco la versión en tango.

Y después de tantos años, ¿te sigues poniendo nervioso?
Sí, en algunos conciertos sí. Donde más nervioso me pongo es en Buenos Aires.

¿Por la responsabilidad de estar en casa?
Sí y porque viene mucha gente que no he visto desde hace mucho tiempo. Y creo que hay una gran cultura musical en Buenos Aires. Entonces, es como dar un examen a expertos en la materia, ¿no? Y los nervios no le hacen bien al show. Hay veces que tardo cuatro o cinco canciones hasta realmente tener el control.

«A la hora de componer, siempre está presente el pasado»

Y en ese caso, ¿qué haces?
La verdad es que no tengo un sistema. A veces, lo que hago es empezar tocando un poco de instrumental para bajar un poco esa sensación y relajarme. Otra cosa que debería hacer, pero que nunca hago, es calentar antes de salir a tocar.

Dentro de todo tu repertorio, ¿qué podemos encontrar en La Huesuda que no hemos podido encontrar en otros discos de Ariel Rot?
Pues tal vez más reflexión, una atmósfera más íntima y un sonido que responde menos a los estándares del rock.

Escuchando Emociones escondidas, la frase «la vida es una autopista» me recuerda a una estrofa de Canción para mi muerte de Sui Generis. Entonces, imagino este disco como si fueras mirando por el retrovisor, ¿puede ser?
Bueno, a la hora de componer uno siempre mira al pasado, siempre está presente el pasado. Yo soy bastante autorreferente componiendo. A veces, escribo sobre alguien que no soy yo y es una historia que se entiende como si fuera una novela. Es difícil eso en tres minutos. Yo qué sé, Geishas (en Madrid) o la Milonga del marinero y el capitán… En todo caso, el tema de la autopista tiene que ver con esa sensación de que cuanto más vas creciendo, llega un momento en que entras en un tren de alta velocidad y las estaciones van pasando cada vez más rápido.

En La huesuda, canción que da nombre al disco, hay un contraste muy grande entre el tema que trata, la muerte, y la alegría que le da el ritmo ternario, concretamente de ranchera. ¿Es buscado ese contraste para trivializar el tema de la muerte?
Sí, sí. Creo que los mexicanos son expertos en tocar el tema de la muerte y en hacer un festejo alrededor de ella. Sí, es una buena observación. La huesuda es probablemente el tema más festivo de todo el disco. Salió así, no me hice un planteamiento previo, pero ponerme a hablar en serio sobre la muerte, digamos que a priori no es mi idea.

A pesar de que España y Argentina tengan una cultura parecida, ¿crees que esa multiculturalidad ha influido en tu música, que si te hubieras quedado en Argentina ahora tu música sería distinta?
Nunca se sabe, pero sí, probablemente. No sé si en el rock me influyó mucho algún artista o alguna banda española, sinceramente. Pero sí, haber estado en camerinos o en estudios de grabación con gente como Raimundo (Amador), con los Ketama… Me interesó mucho Ray Heredia en su momento, Kiko Veneno… No sé si me influenciaron, pero, evidentemente, es todo de lo que uno se alimenta y con lo que también crece.

Justo antes de volver a España para formar Los Rodríguez, estuviste un tiempo viviendo en Buenos Aires. ¿Tu idea era establecerte allí de nuevo?
Bueno, sí. En un momento pensé que ya no iba a volver más a España. Me fui con una guitarra y un pequeño «amplificadorcito». Mi hermana estaba viviendo en Argentina y, de hecho, sigue viviendo en Argentina, o sea, que me podría haber pasado a mí tranquilamente lo mismo. Lo que pasa es que, bueno, en un momento vine aquí, me reencontré con Julián (Infante) y me dieron ganas de quedarme. Finalmente, yo también tenía ya lazos fuertes con España.

Y ¿te planteas volver allí, como en aquella época?
Lo veo complicado porque mis hijos son españoles y eso también es una manera de echar el ancla. Tendrían que ser motivos de fuerza mayor, como ocurrió cuando yo tenía 16 años. A ningún padre le gusta que su hijo se tenga que despedir de todo su mundo, sobre todo en esa época en la que era tan difícil seguir en comunicación. La única manera de comunicarse era escribiendo cartas. A veces, nos enterábamos de que había alguna cabina telefónica rota y podías llamar por teléfono a Argentina gratis, con un truco. Entonces, de repente, pasaba la gente y veía en una cabina telefónica una cola de veinte personas… era muy gracioso. En esos momentos, aprovechábamos con Alejo (Stivel) para llamar a todos nuestros amigos.

¿Qué opinas de las redes sociales? ¿El músico debe invertir su tiempo en ellas?
Es una manera de enseñar tu trabajo, así que en ese sentido están bien. Todo en su medida y armoniosamente, ¿no? Hay gente que está muy enganchada. Yo creo que el gran negocio del futuro va a ser clínicas de desintoxicación de redes sociales. En serio, veo que hay gente que ya no podría vivir sin eso.

¿Cuáles son tus planes a corto-medio plazo? ¿Piensas volver a meterte en el estudio?
Yo no tengo mucha presión en ese sentido. Vengo de hacer unos discos donde yo creo que dejé el listón muy alto y no me gustaría bajar el nivel. Entonces, hasta que no tenga un material que yo sienta que esté totalmente a la altura, voy a seguir trabajando. Si te fijas, en realidad, los artistas que tienen mi edad tardan más en sacar los discos.

Normalmente, tú sacas un disco cada dos años.
Sí. Probablemente ahora tarde más.

O sea, que por lo menos hasta 2016 no vamos a tener nuevo material.
Hasta 2016 seguramente no.

 

Ariel Rot también fue una digna víctima de nuestro Krinki-cuestionario. Éstas fueron sus respuestas:

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¿Cuál es el sitio más raro donde has compuesto una canción?
Andando en bicicleta.

¿Cuál fue? ¿Se puede confesar?
Solamente salió en un programa de televisión, se llama Birra, cumbia y paraguayas.

¿Qué es lo más gracioso que te ha pasado en un concierto?
Hay un momento muy gracioso con Los Rodríguez, que está filmado, en que yo estoy haciendo un solo y Julián (Infante) se pica y quiere ir más cerca del público que yo y se cae entre dos bafles y se queda con la guitarra colgando… (risas).

¿Qué música llevas en tus cascos/coche?
En el coche estoy llevando Some Girls, de los Rolling Stones, un grupo argentino que se llama Los Guasones… Tengo en casa, para escuchar por las noches si no puedo dormir, a João Gilberto. Y estoy fascinado con un australiano que cuelga lecciones de guitarra en internet y hace cosas muy complicadas; es un virtuoso, pero está loco. No toca perfecto, no toca limpio. No soporto a los guitarristas que tocan demasiado bien.

¿Qué te gustaría escuchar en el hilo musical del supermercado, mientras haces la compra?
Pues voy a un supermercado donde pasan una música muy curiosa, yo no sé si la ponen cada vez que voy yo (risas). Pero ponen, por ejemplo, a Fito Páez, a Coque Malla… Un hilo musical bastante poco estándar. Es muy divertido.

¿A qué película te gustaría haberle puesto la banda sonora?
A Casablanca.

El logro profesional que más ilusión te ha hecho.
Tocar con los Attractions.

¿Qué te dijeron en casa cuando dijiste aquello de «Mamá/Papá, quiero ser artista»? Bueno, en tu caso, teniendo también a tu hermana, sería más fácil, ¿no?
Bueno, mi madre también es cantante. Era cantante, ahora se dedica más a la didáctica. La verdad es que se lo tomaron bastante bien. En realidad, fueron ellos los primeros que me escucharon una tarde tocar el piano. Yo tendría siete años y les pareció una buena idea que me pusiera a estudiar. Me preguntaron si quería, me olvidé por completo y, de pronto, un día llegué del colegio y tuve mi primera clase de piano.

O sea, que con 7 años, sin haber tocado nada de música antes, tocaste el piano ya…
Tenía oído, sí. Fui a ver Sonrisas y lágrimas y cuando llegué a casa, empecé a tocarla. Había gente, era una fiesta… Aparte, ahí descubrí que me podía convertir fácilmente en el centro de atención.

Manías antes de salir a tocar.
No tengo muchas manías. Es el único momento en el que suelo beber whisky, cuando toco. No suelo beber en otro momento, salvo media hora antes de salir al escenario. Se le podría llamar una manía, porque soy bastante meticuloso en ese sentido.

¿A quién te gustaría que hiciésemos esta entrevista? Nomino a…
A Sergio Makaroff.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?
Tenía diez años e iba todos los sábados a un ciclo de rock que había a las cuatro de la tarde en un sitio que se llamaba el Auditorio Kraft. Me llevaba mi padre. El primer grupo que vi fue Arco Iris, el primer grupo de Gustavo Santaolalla.

Esto me ha recordado que la primera canción que compusiste fue con 10 años y hablaba de una ciudad solitaria. ¿Podrías contarnos algo más de esta canción?
Fue en un cumpleaños de mi hermana, en el año 70. Vinieron chicos grandes. Uno trajo una guitarra eléctrica y un amplificador. Yo nunca había tocado una guitarra eléctrica. Y dijo: «¿Dónde la dejo?». «Déjala en mi cuarto». Entonces, con un amiguito nos pusimos a tocar… Y después, él estuvo tocando toda la noche… Fue una noche muy especial para mí. Cuando se fue, eran como las cuatro de la mañana, yo estaba durmiendo, y no se la llevó. Entonces, a la mañana siguiente, vi que estaban ahí la guitarra y el «ampli» y me puse a tocar esa canción. No me acuerdo mucho de cómo era: «ya esta sola y triste la ciudad…».

Una canción para bailar.ArielRot20
Cualquiera de los Jackson Five. Creo que la música de baile se ha deteriorado de una manera tristísima.

Una canción para hacer el amor.
A ver, eso es complicado. Muchas veces, la cosa se empieza a alargar, pero porque estoy eligiendo el disco (risas).

Una canción para llorar.
En este momento, a veces lloro escuchando canciones de Spinetta.

Si pudieras meterte en una máquina del tiempo, ¿a qué época te gustaría viajar?
A los años 50.

¿A Estados Unidos?
A España no (risas).

Tu rincón (confesable) favorito de Madrid.
Bueno, probablemente, mi estudio. Es donde tengo mis guitarras, está insonorizado… Es el único sitio en el que sé que puedo berrear todo lo que quiera, que nadie me va a escuchar. En mi casa, por ejemplo, no me pasa, aunque esté solo, porque sé que me escuchan los vecinos y eso al final siempre cohibe. Y tener un sitio donde nadie me conoce, cierro la puerta y puedo poner la guitarra a buen volumen, un micrófono y empezar a soltar todo lo que quiero, lo que sale… es muy terapéutico.

Lanza una pregunta a nuestro próximo entrevistado.
No soy buen periodista yo… Una ciudad para perderse, una mujer para perderse, un instrumento para perderse y un sueño para perderse.
Gracias, Ariel, por hacernos la siguiente entrevista… 😉

A ti te pregunta El Kanka: Si no fueras lo que eres, ¿qué te gustaría ser?
Hippie.

¿Cuál es el último concierto que no sea tuyo en el que has estado que te gustó?
No sólo me gustó, sino que me fascinó. Lo vi en el Teatro de El Escorial a Daniel Melingo.

¿Qué te gustaría que te hubiéramos preguntado?
No hubiese estado mal una entrevista, tal vez, más breve.
¡Es que tienes mucho que contar, Ariel!

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Beli

Periodista melómana, blogger, ortogramaniática. Amante de los viajes, los conciertos y, sobre todo, los viajes con conciertos. Libra, zurda, Beatlemaniac y Ravenclaw. En ocasiones hago webs. Llevo la sonrisa puesta por defecto.
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