Andrés Suárez: «Voy a tratar de que Vistalegre sea un Libertad 8 a lo grande»

Quedan dos días para que termine el año y, entre propósitos y deseos para 2015, transitar por las calles de Madrid se torna casi imposible. En una esquina del barrio de Lavapiés está La Libre, «la mejor cafetería del mundo». Al resguardo del intenso frío, Andrés Suárez, recién llegado de su Galicia natal, nos habla de su vida, de él, de su pasión y su profesión, que es todo uno: nos habla de música. Y nos habla también de un sueño que se lo quita: el concierto que dará el próximo 10 de enero en el Palacio de Vistalegre de Madrid. Será el broche de oro, fiesta de despedida de los dos años de todas las alegrías que le ha traído Moraima, su quinto trabajo discográfico y, según afirma, el mejor de su carrera. Hasta ahora. Y luego, ¿qué? Luego, a recuperar el sueño para poder seguir despertando y haciéndolos realidad, porque cuando alguien ama lo que hace y sueña lo que ama, cumple sus sueños.

Texto: Beli Jiménez / Imágenes: Raquel García

Entrevista-Ancres Suarez 017

Tienes una capacidad brillante para decir las cosas de una manera sencilla, pero directa a lo más hondo de los sentimientos, de las emociones. Por ello, te tenemos que preguntar algo que le preguntamos a todos, pero que a ti ya teníamos muchas ganas de preguntarte: ¿Cómo te enfrentas al proceso compositivo? ¿Tienes una rutina?
Yo soy un caos absoluto, ya en vida, así que imagínate para componer. Componer creo que es el ejercicio más vital, más extrasensorial, que más tiene que ver con el equilibrio y con lo que te modifica, con lo que te cambia. Escribir es mi realidad y es absolutamente desordenada, como yo. Tengo compañeros extremadamente ordenados. Yo soy un caos: puedo estar cinco meses sin escribir una canción y luego hacer cinco en una noche. Esa forma directa o sencilla a la que te refieres no es más que lo que veo, lo que toco, lo que beso, lo que conocí. Tal vez a la gente le llegue, y yo agradecido, porque es muy real, porque sucedió. Yo creo que cuando cantas a lo real, a la gente le emociona porque sabe que eso ha pasado de verdad. De imaginación tienen poco mis canciones, la verdad.

Internet está repleta de canciones tuyas nunca editadas, que vas estrenando en conciertos. Y aquí hay un dilema importante: por un lado, las ganas de tener estas canciones bien grabadas; y, por el otro, seguir alimentando el hambre de nuevas canciones de Suárez. Entonces, ¿cómo vas a balancear esto de cara al próximo disco?
¿Sabes lo que pasa? Que cuando una canción la canto y sólo la canto una vez, a lo mejor la canto porque en ese momento vital lo necesitaba. Yo no soy el mismo de ayer, el de hace meses cuando canté esa canción. La canto por una necesidad, es por egoísmo, no es por el ánimo de agradar al público o a nadie, es porque necesito sacarla de mi piel, que esté fuera. Pero cuando la canto solamente una vez, mala señal. Quiero decir: las canciones que me acompañan es porque me hacen suyo, es decir, es al revés: las canciones no son mías, yo les pertenezco. Entonces, cuando una canción se repite o me repite, por algo es. Yo no me arrepiento ni me avergüenzo de ninguna canción, son experiencias, pero hay algunas que, por lo que sea, no han llegado a emocionarme más allá de aquella noche. Supongo que es lo mismo que una piel, ¿no?

Sabemos que desde los 14 años llevas tocando y dedicándote a la música, pero ¿siempre has sabido que querías dedicarte a ello profesionalmente?
Sí. Yo jamás dudé. No puedo dudar de mí mismo y eso es la música para mí. No sé dónde acaba la música y empiezo yo, porque somos lo mismo. Te podría decir que quería ser policía o futbolista… Todos los niños quieren ser futbolistas. A mí no me gusta el fútbol. Yo, de niño, quería ser cantante. Entonces ya jugaba a eso. Mi madre me regalaba baterías, guitarras, hacía playbacks con la raqueta de tenis… Yo quería ser cantante y se cumplió el sueño.

«Amo la música con cada poro de mi piel»

¿Cómo entiendes la interpretación?
Bueno, yo creo que la interpretación viene sola. Tú, cuando sientes la forma en la que siento la música, entiendes que te posee de algún modo. Si estás hablando de un amigo, de tu abuelo, de una amante, de lo que sea, eso te modificó. Entonces, la interpretación yo no creo que tenga que ser estudiada, no soy actor. El trabajo que más admiro es el de actor porque yo cuando me subo al escenario y cuando me bajo soy el mismo, pero un actor se sube y puede volar. Es increíble, ¿no? O puede estar en la Primera Guerra Mundial. Eso es ser un actor. Yo no sé lo que es eso. Entonces, no puedo interpretar una canción; yo creo que me interpreta a mí. Yo creo que cuando canto una canción y pongo esas caras o lloro, que me da vergüenza, pero lloro; o me da un ataque de risa o lo que sea, es porque está sucediendo, porque estoy volviendo a ese momento determinado. Ésa es la interpretación para mí: revivir aquella historia.

Y si no fueras músico, ¿a qué te dedicarías? ¿Te lo has planteado alguna vez?
Sería técnico de sonido, técnico de luces, cámara de vídeo para música, chófer de músicos… (Risas).
Alguna vez me lo han preguntado. Yo, engañando a mis padres, fui a hacer Magisterio Musical a Santiago; mintiéndoles, porque yo sabía que no lo iba a hacer, pero tenía que engañarlos de algún modo. Y, realmente, no fui capaz de descubrir otra vocación, ni siquiera en la enseñanza. Mi padre es docente y quería interesarme un poco, pero ni siquiera lo haría, porque la estudié, la aprobé, pero no llegué a amarla. La música la amo con cada poro de mi piel.

¿Fue difícil tomar la decisión de venir a Madrid?
En mi caso, no. Porque me sentí muy apoyado por mis padres, por los míos, porque nunca dudé de mi música. Dudé más de mí que de mi música. Creía en ella. Evidentemente, cuando uno viene a tocar al Metro o a donde sea, cree en su sueño, y todo sueño conlleva dolor. En mi caso, fue dejar el norte, dejar Galicia. Sí dolió al principio porque soy muy de mi tierra, soy muy hogareño, soy muy familiar, soy muy de mis amigos… Vine un poco engañado. Yo pensaba que uno llegaba aquí y triunfaba. Tanta gente, millones de personas, que dices tú: «bueno, te pones a cantar dos meses y ya está». Y canté años para nadie, o para cinco personas. Al principio, lo pasé un poco mal. Pero no costó, tenía claro que tenía que ser. En Galicia, por temas políticos, por situación geográfica también, que influye mucho, por mi sueño, que es la música, tienes que moverte, tienes que irte. Y eso no significa que no haya pedazo de músicos y pedazo de espacios para tocar, pero no tiene nada que ver con el madrileño o el catalán, por ejemplo, que también es muy fuerte. Tienes que estar donde se mueve la gente, donde se mueven las copas, donde suenan los aplausos; y en Madrid tenía un circuito efervescente increíble: Libertad, Clamores, Galileo… Yo quería estar ahí.

«Dos años y medio después de hecho el disco, me siento orgulloso, no cambiaría nada»

Has estado varias veces en México y este año en Argentina por primera vez. ¿Cómo ha sido la respuesta del público latinoamericano a tu música? ¿Encuentras diferencias entre un público y otro?
Sí. Lo siento, pero sí. En ese sentido, yo creo que no es que Maradona sea tan bueno, ni Sabina sea tan bueno, ni Ismael Serrano sea tan bueno… Pueden ser buenísimos, pero tanto, tanto, tanto, tanto, tanto, no. Creo que lo sucede, ahora que fui y lo comprobé, es que hay un nivel de pasión, la palabra es pasión, que aquí no hay. Yo fui por primera vez a Argentina y empecé a hacer promoción en las radios; cantaba Tengo 26 o Rosa y Manuel y se ponían a llorar, o se ponían a pegarle a la mesa, se ponían a gritar los comentarios de la canción… Y yo decía: «Pero ¿esto qué es? ¿Qué pasa?». Yo iba a tocar por primera vez allí y había ciento y pico personas gritando las canciones, pero gritando. Gritando me refiero a dejarse la voz, como si yo fuera Bon Jovi, ¿sabes? Gritando. Creo que la palabra es pasión, lo que diferencia. No sé si es el clima, no sé si es la educación musical, yo no me voy a meter en eso porque no vivo allí, pero sucede algo mágico; que aquí ha pasado, sí, pero llegar a ese punto M, punto M musical, es extremadamente mucho más difícil y disperso en el tiempo. Allí no, allí es que se ama la música, se escucha con los ojos. Y, aparte, cuando tú llegas a un aeropuerto al otro lado del mundo y lo primero que te dicen es «Serrat», o «Sabina», o «Ismael Serrano», toma nota; tal vez es que estás en el sitio correcto. Yo reivindico lo de cantautor porque lo soy, pero es verdad que aquí en España hay veces que dices lo de cantautor y la gente piensa: «¡Uf! Ahí con la guitarra, en un bar oscuro con mucho humo, whisky doble, maldiciendo a las mujeres… Nos va a dormir a todos». Pues allí se idolatra la música de autor española. Y creo que Roberto Iniesta (Extremoduro) es cantautor. Albert Pla, Iván Ferreiro… Es gente que hace botar pabellones de deportes y son cantautores.

Tan cerca del fin de año, ¿qué balance haces de este 2014, segundo año de vida de Moraima?
Sin duda, sigue siendo el mejor año de mi vida y el mejor disco de mi vida, hasta ahora. De verdad, no lo digo por vender el disco, pero, normalmente, cuando uno graba un disco, echa la vista atrás y cambiaría cosas, diría: «Esta guitarra o esta frase que dije aquí…». Yo, todavía, dos años y medio después de hecho el disco, me siento orgulloso, no cambiaría nada. Creo que es un buen resumen. Más allá de que la gente haya agotado todas las salas o que se vendiera tal cantidad de discos, las cifras siempre se mueven, no tienes que quedarte con las cifras. Me quedo con la energía de la gente. Y todo el rato me ha dado luz. O sea, que creo que ha sido mi año. No sé yo si repetiré un año tan bueno, pero con que se acerque…

Entrevista-Ancres Suarez 018

Los Reyes te han traído, para empezar 2015 muy bien, un concierto el próximo 10 de enero en Vistalegre…
Ya estoy sin dormir de nervios (risas). No pego ojo.

¿Qué nos vamos a encontrar esa noche?
Pues yo creo que sorpresas. Creo que la gente no se espera muchas cosas que van a suceder. Voy a tratar de hacer un concierto pequeño. Es el aforo más grande en el que voy a cantar, es un lugar enorme y, evidentemente, voy con toda la banda, en formato eléctrico. Pero va a haber espacio para lo más íntimo y acústico posible. Voy a tratar de que sea un Libertad 8 a lo grande. Puedo confirmar tres invitados, no puedo decir más. Además de decir que voy a estar con toda la banda y con otros músicos, invitados de lujo que vienen desde, por ejemplo, Nueva York, contar con Víctor Manuel, Javier Ruibal o Vanesa Martín me parece que pone ya en situación de lo que va a ser el concierto. Al principio, lo veía como un bajón absoluto porque es la despedida de este quinto disco, pero, realmente, pretendo que sea una fiesta; que el último tema sea un subidón, que todos estemos allí bailando y riéndonos. Y entendiendo que esto sigue. Como después me retiro temporalmente de los escenarios, hay gente que me dice: «Bueno, voy a tu retiro…». Yo voy a pasármelo bien. Yo esa noche voy a reírme, a saltar, a bailar, a cantar, a gozar y a celebrarlo con gente de toda España y la que viene de Argentina, de México, de Cuba… Es una responsabilidad enorme.

Y después, como has dicho, te retiras un tiempo de los escenarios para centrarte en tu nuevo disco. ¿Sabemos por cuánto tiempo? ¿Cuándo va a salir el disco?
Ni idea. Y cuando digo «ni idea» es lo que más ansiedad me genera. Lo llevo mal. Pero por temas de, evidentemente, un lanzamiento discográfico, por temas de unas vacaciones que también nos tomaremos los músicos y los managers y mucha gente, pues vamos a hacer un parón. Yo creo que es verdad que viene bien, estoy de acuerdo con ellos. Al principio, decía que no y ahora, sí. Un parón viene bien. Pero creo que volveré más fuerte que nunca, o sea que espero que no sean más de dos o tres meses, pero me temo que será algo más.

¿Qué más les pedimos a Sus Majestades de Oriente?
Nada. Un tío que se levanta por la mañana y vive de lo que ama. Un tío que tiene trabajo, con la que está cayendo en este país, y, además, de lo que le gusta. Y que tiene el nivel de exigencia por parte de la gente, quiero decir, que la gente responde de una manera absolutamente increíble, llenando, repito, casi todas las salas, comprando no sé cuántos miles de discos… No soy tan capullo como para pedirle nada al futuro, es decir, no puedo pedirle nada al futuro. Y menos con la de casos que conozco de gente, ya no solamente que se levanta por la mañana y trabaja en lo que ni siquiera le toca, sino que no tiene trabajo. Y con casos de grandes familias, con casos de desahucios, etc. ¿Qué le voy a pedir yo a la vida? Nada. Creo que me lo dio todo hasta ahora y con que me deje como estoy… Y lo digo en serio, porque normalmente la gente piensa que todo músico tiene una gran ambición. Yo te juro que firmaría ahora un contrato que pusiera: «Me quedo como estoy hasta el final de mis días». Porque es poder vivir de la música, de mis canciones y recibir luz y cariño de la gente. Ya está. Se trataba de eso, ¿no?

 

Entrevista-Ancres Suarez 039


¿Preparado para ser una víctima más del Krinki-Cuestionario?

Estoy listo. No tengas piedad.

¿Cuál es el sitio más raro donde has compuesto una canción?
Váter.

¿Qué es lo más gracioso que te ha pasado en un concierto?
Pues que me llamaran «Andrés López» o pedirme canciones que no son mías o yo qué sé… Yo no veo mucho la tele, pero el otro día, entre tema y tema, me decían:
–Te veo en el programa tuyo de la noche, que me encanta.
«¿Qué programa, tío?». (Risas). Me han pasado cosas muy raras, pero que se puedan contar, hasta ahí puedo llegar.

¿Cuántas prendas de ropa interior te han tirado mientras actuabas?
No soy yo muy del físico, la verdad. Bueno, al principio, en Santiago, lo hacían mis colegas. Iban al chino a comprar sujetadores, se metían entre la gente y los tiraban… Yo ya sabía que eran ellos. Pues la verdad es que no muchos. No creo que sea yo ningún sex symbol de nadie.

«Tres generaciones en un mismo concierto. Ésa es la cosa más hermosa que me ha pasado en mi trabajo»

¿Qué música llevas en tus cascos/coche?
Sólo puedo presumir de mi trabajo de eso: de viajar mucho, que me parece un regalo, y de escuchar de todo, porque eso me lo enseñó mi padre. Mi padre escuchaba de jazz a música clásica, pasando por hardcore, rock, pop de Antonio Vega… Llevo de todo. Seré breve: Enrique Urquijo, Antonio Vega, Javier Ruibal, Pablo Milanés, Tote King, Nach, Metallica, Extremoduro, Vivaldi, Heredeiros da Crus, Luar na Lubre… Escucho música muy variada y creo que ése es mi acierto.

¿Qué te gustaría escuchar en el hilo musical del supermercado, mientras haces la compra?
Me relaja mucho Norah Jones, por ejemplo.

¿A qué película te gustaría haberle puesto la banda sonora?
A muchas de Walt Disney. Sí, sí, lo siento mucho, pero Walt Disney hizo mucho daño y yo lo llevo ahí. Siempre quise doblar un personaje de Walt Disney, pero todo llegará. Tú ponlo ahí, que igual nos lee alguien (risas). Pues no lo sé, El Diario de Noah, por supuesto, o Big Fish. Por soñar…

El logro profesional que más ilusión te ha hecho.
Tres generaciones en un mismo concierto, emocionándose o riéndose a la vez. Ya que entramos en política, que los políticos prohiban la entrada a menores de 18 años me parece lo peor que yo he visto en vida a la cultura. Y cuando eso no existe y vienen a verme una abuela, una hija y una nieta, ésa es la cosa más hermosa que me ha pasado en mi trabajo.

¿Qué te dijo tu familia cuando les dijiste aquello de «Mamá/Papá, quiero ser artista»?
«Adelante, que tú puedes».

Manías antes de salir a tocar.
Saltar, gritar, dar volteretas, pegarle a las paredes, ataques de nervios y de ansiedad. Yo soy más nervioso de lo que te puedas imaginar y cinco minutos antes, no me quieras ver. Antes me poseía, podía conmigo y lo pasaba francamente mal. Las dos primeras canciones del concierto salían siempre mal porque no podía controlarlo. Y una vez, cuando fui telonero de un grande de este país (Javier Ruibal), le pedí perdón. Y él me dijo una cosa grandiosa: «A mí no me pidas perdón por esto. Pídeme perdón cuando no sientas nada cuando te vas a subir a un escenario». Me quedé con eso. Entonces, antes de subir a un escenario… Bueno, que te digo en serio que no duermo ya con Vistalegre. Duermo dos horas y me despierto y empiezo a ver ya las luces… Muchos nervios, muchos nervios.

¿A quién te gustaría que hiciésemos esta entrevista? Nomino a…
Jorge Velo. Creo que es una persona a la que la música de esta ciudad (Madrid) le debe muchísimo y ha pasado desapercibido.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?
Mi madre me llevó a todos los que había en Ferrol, a todos: Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Mecano, Tam Tam Go… Todos, todos los que había. Si te digo Miguel Bosé, puede ser. Con Pablo Milanés también era muy niño. Por ahí andará la cosa: Miguel Bosé o Pablo Milanés.

Una canción para bailar.
Noches de boda, de Sabina.


Una canción para hacer el amor.
Todas.

Una canción para llorar.
Olvidarte será fácil, interpretada por Pancho Céspedes.


Si pudieras meterte en una máquina del tiempo, ¿a qué época te gustaría viajar?

A ésta.

Cosas que nunca se le deberían decir a un músico.
«Córtate el pelo». (Risas). Eso es algo que he llevado toda la vida.
Lo peor que se le puede decir a un músico o, al menos, lo que más me ofendía a mí cuando yo salía a buscarme las habichuelas es:
–¿En qué trabajas?
–Soy músico.
–Ya, bueno, pero ¿a qué te dedicas?
Eso era lo típico. Entender en el año 2014, casi 15, que la música es una profesión… hay gente a la que le cuesta.

Tu rincón (confesable) favorito de Madrid.
Estamos en uno de ellos, este lugar me da mucha paz. También hay una zona del parque de la Dehesa, si no me equivoco, que está en Tetuán. Viví un tiempo en ese barrio e iba siempre. Tenía una vista bucólica, «cantautoril», insuperable, parisina casi. Podría decir, evidentemente, Libertad, o aquello que fui en Libertad y que ya no volveré a ser, pero que siempre recordaré con nostalgia. El pasado Barcelona 8, el salón de mi casa de Lavapiés…

«Yo creo que mi público piensa y mucho»

Lanza una pregunta a nuestro próximo entrevistado.
Ahora que me está afectando tanto, yo quisiera saber si ha llegado a perder el sueño por su trabajo y, si la respuesta es afirmativa, cómo lo ha curado. Porque yo no soy capaz. Yo debería estar con un subidón brutal: todo va guay, se llena en todos lados… Pero el hecho de que antes vinieran cien y ahora sean mil cien, o X discos que se vendan, o X periodistas que vienen a verte a los conciertos… A mí lo que me supone, más que felicidad, es responsabilidad. Todo el mundo me dice: «Tienes que reírte más». Yo estoy tenso siempre porque estar a la altura de gente que te dice que ahorra cinco meses para ir a un concierto tuyo, por ejemplo… Sí, feliz sí, pero tengo un acojone encima… Tengo que estar perfecto físicamente, perfecto de voz, dar mi mejor concierto… Es decir, me está empezando a preocupar con esto de Vistalegre: si son seis mil personas o las que sean, olvídate de los números cardinales, yo tengo que salir y estar guay. Y ¿cómo no te desmayas ahí? Entonces, eso me está quitando el sueño, así que que me ayude psicológicamente.

Marwan te pregunta si se liga mucho cantando…
Si se liga mucho… Me encanta, Maru, que me hagas esta pregunta. Esa leyenda que hay de que los cantantes ligan mucho, por lo menos en mi carrera, no ha pasado. Tal vez a los quince, dieciséis años surge el fenómeno fan, aquél fanático que no piensa y que grita… pero yo creo que mi público piensa y mucho. La gente que viene a escucharme escucha una determinada letra. No es que yo sea un filósofo, pero no me considero tampoco un músico de estribillo fácil de verano. Y, mucho menos, un físico bailable. En mi caso, lo que pasa es que vienen a verme chicas o chicos solos, o parejas, acaba el concierto, me dan la mano o nos damos un abrazo, me dicen si les ha molado o no y se van a su casa. O sea, que la respuesta es no. Yo creo que hay un interés por el escenario, pero yo también lo tengo. Cuando veo a una actriz, a un actor o a un escritor, sobre todo, a mí me interesa saber qué hay ahí. Normalmente, defrauda la realidad, es mucho mejor la tapa del libro, pero bueno, es una curiosidad. De ahí a irse a la cama hay un salto.

¿Cuál es el último concierto en el que has estado?
Tengo, tan, tan poco tiempo… Así que lo que puedo hacer es ver a mis compañeros. No tengo ni un solo día. De momento, hasta que esté de vacaciones a partir del 10 de enero. El último al que fui fue al de Marino Sáiz, mi gran amigo y genio como músico y como acompañante y como todo.

¿Qué te gustaría que te hubiéramos preguntado?
La verdad es que me ha gustado mucho la entrevista y no es peloteo. Yo creo que lo que quería decir lo dije.

¿Me sigues?

Beli

Periodista melómana, blogger, ortogramaniática. Amante de los viajes, los conciertos y, sobre todo, los viajes con conciertos. Libra, zurda, Beatlemaniac y Ravenclaw. En ocasiones hago webs. Llevo la sonrisa puesta por defecto.
¿Me sigues?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *