El mejor concierto de Sabina

Tras el desafortunado episodio de hacía tan sólo tres días, el martes 16 de diciembre la gente iba ocupando sus localidades en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, muy probablemente preguntándose por el estado del causante de aquella congregación y si la noche no les depararía alguna sorpresa. Joaquín Sabina salió al escenario y tras interpretar Yo me quedo en Atocha y Ahora que… aseguró estar conmovido por las atenciones y los gestos de afecto recibidos y dejó clara su intención de dar el mejor concierto de su vida.

Texto e imágenes: Beli Jiménez

Tras esa rotunda y prometedora afirmación, empezaron a sonar los acordes de 19 días y 500 noches y las miles de personas que ocupaban hasta el último asiento disponible se pusieron en pie. Y tras un coreado «hola y adiós» y el jocoso «maldito Facebook» del jienense, la noche que recién comenzaba amenazaba con convertirse en una auténtica fiesta.

Después de Barbie Superestar y aunque los asistentes no se sentaron, los ánimos se relajaron para escuchar Una canción para la Magdalena y A mis cuarenta y diez. Y le llegó el turno a la primera sorpresa de la noche: Ése no soy yo o la versión personal del de Úbeda al mítico It ain’t me, babe de un tal Robert Zimmerman.

Pero Sabina no estuvo sólo sobre el escenario, le acompañaba una banda de músicos excepcionales, que lo demuestran cada mes en las Noches Sabineras, y que lo volvieron a hacer aquel 16 de diciembre en aquel lleno Palacio de Deportes. Hasta tomaron la voz cantante: el primer valiente fue Jaime Asúa, que sustituyó al protagonista al micrófono, mientras éste desaparecía por primera vez del escenario, con El caso de la rubia platino.

No obstante, Joaquín Sabina no se ausentó por mucho tiempo: enseguida volvió para deleitar al público con un desgarrador soneto, que le sirvió de introducción a Cerrado por derribo. Siguió el cantautor cantando a sus mujeres con Pero qué hermosas eran y a su afición por los toros con su magistral De purísima y oro. Hizo al respetable saltar con Más de cien mentiras para terminar bailando con el medley Noches de boda/Y nos dieron las diez.

Pero ahí no acabó la cosa: le tocaba el turno a los «bises», ésos que no se pudieron disfrutar el sábado 13. Así le llegó el turno al escudero Pancho Varona, que tomó el volante de la voz principal con Conductores suicidas. Y entonces fue Mara Barros quien llevó la potente voz cantante para interpretar La canción de las noches perdidas. Y Sabina volvió a escena. Pero Mara no cerró la boca y dejó a todos con ella abierta tras cantar Y sin embargo te quiero, perfectamente enlazado con una de las joyas del del bombín: Y sin embargo. Y una mítica Princesa puso fin al primer bloque de «bises». Y volvieron a dejar un escenario vacío, que cantarían Sui Generis.

El que reapareció entonces fue el polifacético Antonio García de Diego que colmó el recinto de solemne emoción con Tan joven y tan viejo. Y a su vuelta, Sabina regaló a Madrid una canción que nunca antes había interpretado en directo: Máter España. Y así se encaró la finalísima recta final del concierto: Aves de paso, Contigo y Pastillas para no soñar sirvieron para dar por finalizada una fiesta de aproximadamente dos horas. Sólo Joaquín Sabina sabe si fue el mejor concierto de su vida, pero seguro que fue el mejor de la vida de muchos de los asistentes.

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Beli

Periodista melómana, blogger, ortogramaniática. Amante de los viajes, los conciertos y, sobre todo, los viajes con conciertos. Libra, zurda, Beatlemaniac y Ravenclaw. En ocasiones hago webs. Llevo la sonrisa puesta por defecto.
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